jueves, 16 de abril de 2020

POLÉMICA TEATRAL POSIBILISMO-IMPOSIBILISMO



Hasta el momento lo que he realizado en este blog ha sido contextualizar a este dramaturgo y analizar una de sus obras teatrales, concretamente Hoy es fiesta (1955). En esta tercera entrada voy a abordar un aspecto de gran repercusión en aquella época como fue la polémica posibilismo-imposibilismo[1]. Esta polémica del posibilismo teatral tuvo lugar en el año 1960 en las páginas de la revista denominada Primer acto, en concreto en un artículo titulado “Teatro imposible y pacto social”. En ella, Sastre se dirigió tanto a Buero Vallejo como a Alfonso Paso[2]. Desde que Sastre hablara de “pacto”, Buero Vallejo afirmaba “yo no he pactado con nadie…”, al igual que asegura Goya a Leocadia al inicio de la parte segunda de El sueño de la razón (De Paco, 2013: 2)[3]. Ante la gravedad de la crítica de Sastre dirigiéndose a Buero personalmente, este se ve obligado a responder públicamente en la prensa con disgusto, pues considera que estos enfrentamientos son perjudiciales para la labor de ambos.

De acuerdo con Lina Rodríguez Cacho (2009: 485), “Sastre acusaba a Buero de haber renunciado a un compromiso claro con la lucha social […] y de hacer concesiones en favor del aplauso. La polémica implicó también a Alfonso Paso (Madrid, 1936-1975), que se convirtió en el más prolífico dramaturgo de estas décadas […]”. Sin embargo, debemos tener presente, de acuerdo con De Paco (2013: 2), que Buero Vallejo “desde sus primeros textos teóricos, señala la obligación que tiene el creador de buscar modos de expresarse en una sociedad constreñida por condicionamientos censoriales […]”.

Biografia de Alfonso Sastre
Sastre defiende que en ese momento el autor teatral tiene que ser imposibilista, considera que un autor que escribe en un régimen de dictadura no puede escribir pensando en la censura. De algún modo, se está enfrentando a Buero Vallejo, ya que poco antes había defendido que el autor necesitaba tener una postura posibilista, porque de nada sirve escribir grandes obras de teatro muy críticas si no se dan a conocer al público y permanecen guardadas en un cajón. Por ello, Buero defendía que el teatro se debía hacer de una forma crítica, pero de tal manera que superase la censura para así poder llegar a los espectadores y que, consecuentemente, resultara efectivo. En definitiva, tal y como afirma Muñoz Cáliz (172: 2004), estos autores defendieron distintas opciones teóricas en torno a la actitud que debían adoptar los creadores ante la existencia de la censura, la cual fue mucho más allá de los tres artículos en los que esta se materializó, llegando a repercutir incluso en el futuro del teatro español.  

Esta polémica entre ambos tuvo lugar a propósito de si el teatro debía luchar abiertamente contra las estructuras sociales o hacerlo, por el contrario, desde el interior del propio sistema, aceptando las cortapisas de la censura. Esta última postura fue denominada como “posibilismo escénico” y al ser adoptada por Buero Vallejo dio lugar a que sus compañeros más radicales le tacharan despectivamente de ‘posibilista’, entre ellos directamente Sastre, autor que consideraba que el dramaturgo debía ser siempre arriesgado, debido a que no había un teatro imposible, sino “momentáneamente imposibilitado” (Rodríguez Cacho, 2009: 485). Con la última expresión se refiere a que determinadas piezas teatrales podían ser imposibitadas por factores externos (censura)[4] a la propia elaboración teatral. En relación con esta idea, para ser más precisos, de acuerdo con Buero Vallejo (1994: 672), Antonio Sastre afirmaba lo siguiente: “todo teatro debe ser considerado posible hasta que sea imposibilitado; y toda imposibilitación debe ser acogida como una sorpresa”.

Asimismo, Sastre consideraba que la postura de Buero era la siguiente: hacer un teatro posible en España, aunque para ello sea preciso realizar ciertos sacrificios que se derivan de la necesidad de acomodarse de algún modo a la estructura de las dificultades que se oponen a nuestro trabajo. Buero se defendió afirmando que cuando critica el “imposibilismo” y recomienda la posibilitación, no está predicando acomodaciones, sino que propugna la necesidad de un teatro difícil y resuelto a expresarse con la mayor holgura, pero que no debe solamente escribirse, sino que también debe estrenarse. Por tanto, defiende un teatro “en situación”; lo más arriesgado posible, pero no temerario[5]. Recomienda hacer “posible” un teatro imposible. En definitiva, llama imposibilismo a aquella actitud que se sitúa, mecánica y antidialécticamente, “fuera de la situación”: la actitud que busca hacer todavía más imposible a un teatro “imposible” con temerarias elecciones de tema o expresión, con declaraciones provocadoras o reclamos inquietantes y abundantes[6]. 

Por último, me gustaría señalar que Buero, en alguna ocasión, ha achacado a Sastre caer en incongruencias al defender su postura imposibilista. Por ejemplo, afirma que cuando dijo que su obra teatral La mordaza[7] era un cripto-drama, algo que no tenía la intención de hacer, pero que, en realidad, estaba haciendo, este incurría en posibilismo. Dicho de otro modo, Buero toma esa declaración de Sastre como un ejemplo de contradicción, muy poco o nada dialéctica[8], que se crea entre lo que dice y lo que hace (Buero Vallejo, 1994: 677).

BIBLIOGRAFÍA

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 668-680.

DE PACO, MARIANO (2013): “Buero Vallejo y Alfonso Sastre en la sociedad democrática”, en Revista de Investigación Teatral, Nº 3.


MUÑOZ CÁLIZ, BERTA (2004): “A vueltas con el posibilismo teatral”, en Teatro: revista de estudios teatrales, Nº 20, págs. 171-198.

RODRÍGUEZ CACHO, LINA (2009): Manual de Historia de la Literatura española, Castalia, Madrid.





[1] Ya he hecho referencia a esta polémica teatral en mi primera entrada, pero ahora la voy a tratar en una mayor profundidad.
[2] Por tanto, Alfonso Sastre es el iniciador de esta polémica.
[3] La cuarta de mis entradas irá destinada a analizar específicamente esta obra teatral.
[4] A la que Sastre llamaba “aparato de control”, denominación que también fue criticada por Buero.
[5] No poner por escrito en tu obra teatral todos tus pensamientos, como afirmaba Sastre, si eres consciente de que la censura no te va a dejar publicar la obra. Buero consideraba que mostrar tu postura de forma completa y sincera no servía de nada si esa obra no se daba a conocer.
[6] La información de este párrafo ha sido extraída de: BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 673-674.
[7] En esta obra destaca el mensaje de la libertad y de lo difícil que era vivir amordazados, pero esa idea quedó sumergida en la trama policíaco-rural. En otras palabras, como explica Lina Rodríguez Cacho (2009: 484), “La mordaza […] pudo estrenarse en 1954 gracias a la miopía de los censores”.
[8] Sastre consideraba que “[…] el progreso no se consigue por acomodación, sino dialécticamente, por contradicción, por oposición de los contrarios” (Buero Vallejo, 1994: 672).

"HOY ES FIESTA"

Una vez que ya conocemos a Antonio Buero Vallejo y le hemos situado en el contexto adecuado, me voy a centrar en esta segunda entrada en analizar una de sus obras teatrales titulada Hoy es fiesta (1955). A modo de introducción, me gustaría mencionar las siguientes palabras que el propio Buero Vallejo pronunció a propósito de esta pieza: “aunque es mi obra más premiada[1] no la considero entre las mejores mías; pertenece a una etapa de realismo costumbrista que creo haber dejado atrás y que, como fórmula dramática, no recomendaría a ningún joven autor. […] Los ingredientes que todavía me la hacen considerar como estimable son seguramente aquellos que de manera sutil la apartan del simple realismo directo” (Buero Vallejo: 1994: 449).

   En primer lugar, es importante señalar que se trata de una tragicomedia escrita en tres actos. Asimismo, tal y como afirma De Paco (1984: 335), esta obra fue escrita en 1954-1955 y se estrenó en el Teatro María Guerrero de Madrid el 20 de septiembre de 1956[2]. Encontramos quince personajes. Por orden de aparición son Nati, doña Nieves, Remedios, Sabas, Paco, Tomasa, Manola, Fidel, Daniela, la vecina guapa, doña Balbina, Silverio, Cristóbal, Elías y Pilar. Estoy completamente de acuerdo con De Paco (2003: 21), quien afirma que encontramos personajes totalmente paralizados por su situación social, cuya visión del mundo y modo de vivir están estrictamente condicionados por su pésimo nivel económico. La escenografía de la obra y la cotidianidad y problemática del asunto tratado me ha recordado a Historia de una escalera (1949).

Contacto
A continuación, voy a mostrar el resumen de la obra[3]. La portera Nati sale una mañana a tender ropa a la azotea del edificio en el que trabaja. Mediante un acto de autoritarismo, no permite a los vecinos acceder a aquella azotea, a pesar de ser un espacio comunitario en el que todos tienen el mismo derecho a estar. Debido a que Nati se deja la puerta abierta, poco a poco los vecinos van invadiendo la azotea y, en señal de protesta, permanecen en ella todo el día. Ante la insistencia de Nati para que los allí presentes abandonen este lugar, Sabas, un hombre agresivo y prepotente, rompe de un puñetazo la cerradura. Así, la portera queda humillada y todos los vecinos se ríen de ella.

Cada uno se dedica a sus labores. Por ejemplo, Fidel, el hermano de Sabas, está preparándose unas oposiciones. Además, mantiene una intensa lucha interior, ya que no sabe hacia quién dirigir sus pretensiones amorosas (Tere o Daniela). Asimismo, destaca la pareja formada por Silverio y Pilar. Su hija falleció por una negligencia[4] de Silverio[5]. Pilar es una mujer sorda, cuya salud es muy débil, tal y como afirma su marido en una conversación con su amigo Elías: “[…] Aun es joven, pero no tiene solución, porque está vieja por dentro. Se le han envejecido las arterias… desde la muerte de la niña. Siempre fue delicada, pero aquello acabó con su salud. Y se va a morir” (p. 571)[6].

Todos los vecinos han comprado participaciones a doña Balbina para el sorteo de la lotería que se celebra esa misma tarde. Tienen la esperanza de ser los agraciados y con ese dinero poder salir de su pobreza. Su optimismo aumenta con las predicciones de las cartas de la pitonisa doña Nieves. Poco después, observan en el periódico que poseen el número premiado, lo que provoca una enorme alegría, pero esta será pasajera. La hija de doña Balbina, Daniela, les informa de que sus participaciones son falsas. Los boletos pertenecen a otro sorteo, por lo que, en realidad, no han ganado nada. Esta muchacha no aguanta más las continuas mentiras de su madre, tal y como ella misma afirma: “[…] ¡Yo quisiera vivir una vida clara y sin tapujos, aunque fuese en la pobreza! […]” (p. 583)[7]. Los vecinos, al sentirse estafados, insultan a doña Balbina y amenazan con denunciarla. Silverio trata de poner orden y calmar las iras de sus vecinas. La trifulca es capitaneada por Sabas, que muestra, de nuevo, su naturaleza violenta, dirigiéndose a pegar a doña Balbina. Sin embargo, Silverio le frena, golpeándole en la nuca con una manivela que había construido ese mismo día. Este hombre, no solo salva la vida de esa señora, sino también de su hija, quien después de recibir la reprimenda de su madre por humillarla[8] y delatarla ante el resto de vecinos, trata de suicidarse. Es un personaje volcado hacia los demás. Finalmente, Pilar, debido a un fuerte golpe que ha recibido en la cabeza en esa pelea, exhala el último suspiro.

Teatro.-Hoy es Fiesta.-Obra Completa.1970 - YouTube
De este modo, todos los inquilinos van mostrando sus sueños, sus recuerdos, sus problemas y sus fracasos en esta azotea de un humilde barrio de la ciudad madrileña. Se transmite la sensación de ser personas que no pueden modificar su cruel destino. Son muy ejemplificadoras, en este sentido, las siguientes palabras de Tomasa: “Y así toda la vida. Corriendo como perros tras las cosas sin conseguirlas nunca… Nunca” (p. 612). No obstante, la obra, a pesar de las desgracias acontecidas, deja abierta la puerta a la esperanza, ya que finaliza con este mensaje: “hay que esperar… Esperar siempre… La esperanza nunca termina… La esperanza es infinita” (p. 619). En este sentido, de acuerdo con Buero Vallejo (1994: 412), esta obra es “[…] una tragedia acerca de la esperanza o, dicho de otro modo, procura esbozar el carácter trágico de la esperanza […]”.

Por lo que se refiere al tiempo, los hechos que suceden abarcan un solo día indeterminado de fiesta[9]. Asimismo, cada uno de los actos se corresponde con un momento concreto del día, ya que el primer acto tiene lugar por la mañana, el segundo por la tarde y el tercero al anochecer. Las acotaciones adquieren una gran importancia en la lectura de la obra, pues son muy extensas, precisas y detalladas.

En lo concerniente al estilo, se emplea un lenguaje coloquial y cotidiano propio del contexto comunicativo en el que se desarrolla la obra y del nivel social de sus participantes. Es un texto fácil de leer y de comprender. El ritmo es dinámico y ágil. Desde mi punto de vista, consigue captar la atención del espectador y mantener la intriga hasta el último suspiro. Se trata de una obra muy divertida y magníficamente construida, pero que, a mí, personalmente, me ha dejado un sabor agrio por el triste desenlace, ya que fallece la mujer con la que más había empatizado y cuya historia me había conmovido en mayor medida. A pesar de todas las desgracias que ha tenido que superar sigue mostrando un gran optimismo y alegría, incluso en los peores momentos[10].  En conclusión, como expresa el propio Buero Vallejo (1994: 422-423), se trata de una obra testimonial y sincera de uno de los perfiles del tiempo español del autor. Los humildes habitantes de las casas están viviendo una tragedia colectiva, además de sus particulares tragedias individuales. En relación con esta idea, destaca la obsesión de la lotería como remedio a la miseria, la locura del fútbol, la trampa de una picaresca triste o la superstición de la echadora de cartas.

Teniendo en cuenta todos estos ingredientes os recomiendo su lectura y/o su visualización. Para lo segundo, os dejo el enlace que os lleva a la emisión proporcionada por Estudio 1 de Televisión Española de 1970: https://www.youtube.com/watch?v= TcjEGbkzZt0. Espero que la disfrutéis tanto como lo hice yo.

BIBLIOGRAFÍA

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 412-424 y 449-450.

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid.

DE PACO, MARIANO (1984): Estudios sobre Buero Vallejo, Los trabajos de la Cátedra de Teatro, Universidad de Murcia.  

DE PACO, MARIANO (2003): Estudios sobre Buero Vallejo, Biblioteca Virtual Universal.

Representación disponible en https://www.youtube.com/watch?v=TcjEGbkzZt0. Fecha de consulta: 06/04/2020.







[1] De acuerdo con Buero Vallejo (1994: XXXIX-XL), algunos premios que recibió esta obra fueron los Premios Nacional de Teatro y María Rolland o el Premio de Teatro de la Fundación Juan March.
[2] La obra fue dirigida por Claudio de la Torre.
[3] A partir del argumento se pueden percibir los rasgos más destacados de los personajes fundamentales.
[4] En este sentido destacan las palabras que pronuncia frente a Pilar al final del acto II sobre la forma en la que realmente falleció su hija, pero esta, por su defecto físico, no le escucha y, por tanto, desconoce. 
[5] Silverio es un personaje muy reflexivo y meditativo, como muestra en muchas de sus intervenciones: “[…] hay días en los que nos convertimos en otra persona… Una persona odiosa, que llevábamos dentro sin saberlo… Y esa persona somos nosotros mismos […]” (p. 587). Mantiene una constante lucha consigo mismo.
[6] Siempre que aparezca entre paréntesis únicamente la página es porque se trata de una cita literaria de la obra en la que he llevado a cabo la lectura: BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 551-620.
[7] Ella y su madre acuden a bodas, comuniones e inauguraciones de eventos sin ser invitadas. Lo hacen solamente para poder llevarse un poco de comida a la boca.
[8] Se ve obligada a admitir antes sus vecinos la situación de pobreza en la que se encuentra para justificar su engaño: “vivimos muy mal… No tenemos ni lo justo para comer…” (p. 610).
[9] Como se puede observar, la obra está sujeta al respeto de la regla de las tres unidades.
[10] Es muy emocionante el final del acto II, en el que Pilar le tapa los oídos a su marido y en esta posición le dirige unas palabras de agradecimiento.

"Canción del esposo soldado" Miguel Hernández

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré  en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

miércoles, 15 de abril de 2020

Álvaro Cunqueiro y su "contar claro, seguido y bien" (II)


3. Producción narrativa II

En los años setenta, Álvaro Cunqueiro publica Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca (1972), donde cobra importancia la presencia del paisaje italiano tan amado por Cunqueiro. En concreto, el autor nos lleva a la Italia del primer Renacimiento, donde el condotiero Fanto Fantini nos cuenta sus aventuras y sus numerosas fugas por las que es famoso. Esta atmósfera renacentista se ve alimentada por el lirismo que Cunqueiro introduce en las descripciones. “¿De modo, se preguntó y explicó Fanto a sí mismo, que amor es como galopar, desnudo de cintura para arriba, en su yegua blanca Artemisa, en la hora calma que viene después de una tormenta de verano cuando de las hojas de los árboles aún caen gotas de agua?”. (Cunqueiro, 1972: 18)

En El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes (1974) se nos da a conocer a Paulos, un joven cuyos sueños acaban materializándose. Al principio, comienza a soñar un mundo más bello para su amada María, pero siente que eso no es suficiente y decide compartir de alguna forma su don. Así, cuando se anuncia el paso de un cometa, sueña hacerse astrólogo de Lucerna para poder interpretar las señales del cometa y hacer frente a la amenaza de Asad II gracias a la ayuda de tres reyes. Sin embargo, en este complejo proceso, Paulos descubre que los soñadores como él están condenados a la soledad.

Como hemos podido comprobar, Cunqueiro nos ofrece una peculiar concepción del tiempo histórico, puesto que diferentes héroes, reyes y dioses de cualquier época y nación pueden ser convocados en la misma página como si no hubiera cientos de años de diferencia entre ellos.“¿De qué tiempo es su Ulises? De ninguno. De todos.” (Viñó-García, 1967: 118)

Por medio del tratamiento literario, Cunqueiro hace que la acción y los personajes sean atemporales. De este modo, en Las mocedades de Ulises (1960) encontramos referencias al cristianismo entrelazadas con costumbres paganas; aparecen relojes de sol, técnicas para navegar a vela o para hacer fuego con pedernal, pero también se hace referencia al espectáculo visual de las playas de Ítaca que observaríamos desde un avión. “Cuando un avión vuela sobre nosotros, siempre hay un pasajero que dice a otro: «¡Mira, esa islilla ceñida de blancas espumas, es Ítaca!» (Cunqueiro, 1985: 67).

Por último, como hemos podido comprobar la narrativa de Cunqueiro está cargada de lirismo, un lirismo siempre concentrado y comprimido en pocas y poderosas palabras. “El lomo del mar es inquieto y los vientos no oyen la voz del hombre […] Las naves, como los corceles, tienen las horas nerviosas.” (Cunqueiro, 1985: 106). Son metáforas poéticas que encontramos intercaladas en la narración y que aumentan e intensifican la tensión del argumento, en el que las diferentes historias, leyendas, mitos y biografías de los personajes fantásticos se van enlazando con los demás como si fueran hilos que forman parte de una misma tela.


Bibliografía:

Blanco Aguinaga, C., Rodríguez Puértolas, J., Zavala, Iris M., (2000): “La postguerra inmediata o los mitos frente a la historia”, Historia social de la literatura española, Madrid: Akal, Vol. II, pp. 400-405.
Casares, Carlos, (1991): “El hombre, esa hierba débil que sueña”, Ínsula, Madrid: Ínsula, Librería, Ediciones y Publicaciones, S.A., nº 536, pp. 11-12.
Cunqueiro, Álvaro, (1972): Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca, (Disponible en: https://www.biblioteca.org.ar/libros/142429.pdf) [Consultado: 08/04/2020]
Cunqueiro, Álvaro, (1973): Merlín y familia, Barcelona: Ed. A. H. R.
Cunqueiro, Álvaro, (1984): Tesoros y otras magias (Ed. César Antonio Molina), Barcelona: Tusquets, p. 202.
Cunqueiro, Álvaro, (1985): Las mocedades de Ulises, Madrid: Colección Austral Espasa-Calpe.
Florit Durán, Francisco, (sin año): Semblanza de Álvaro Cunqueiro (Desde el recuerdo), Universidad de Murcia, pp. 5-9. (Artículo disponible en: https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/15213/1/01%20vol73%20Semblanza%20de%20Alvaro%20Cunqueiro.pdf )[Consultado: 09/04/2020]
García Tejera, Carmen, (1991): “Las siete vidas de Álvaro Cunqueiro”, Ínsula, Madrid: Ínsula, Librería, Ediciones y Publicaciones, S.A., nº 536, pp. 5-6.
Martínez Torrón, Diego, (1979): “La fantasía lúdica de Álvaro Cunqueiro”, Cuadernos hispanoamericanos. Revista Mensual de Cultura Hispánica, Madrid (Cuidad Universitaria): Centro Iberoamericano de cooperación, nº 347, pp. 328- 361.
Pérez-Bustamante Mourier, Ana-Sofía, (sin año): Álvaro Cunqueiro, novelista (o en qué se parece una novela a un huevo)”, Álvaro Cunqueiro  (1911-1981) Instituto Cervantes: Centro Virtual Cervantes. (Disponible en: https://cvc.cervantes.es/actcult/cunqueiro/) [Consultado: 09/04/2020]
Viñó-García, M., (1967): “La excepción de Álvaro Cunqueiro” Novela española actual, Madrid: Ediciones Guadarrama, pp.115-128.

Álvaro Cunqueiro y su "contar claro, seguido y bien"


3. Producción narrativa I

En este apartado nos adentraremos en los fantásticos mundos de las novelas de Cunqueiro. Para este autor, la acción de narrar implica “contar claro, seguido y bien”, es decir, contar algo de manera sencilla para que llegue a un receptor universal. “Lo propio de un escritor es contar claro, seguido y bien. Contar para la totalidad humana, que él por su parte tiene la obligación de alimentar con nuevas miradas. Y si hay algo que esté claro en esta dieta, es que el hombre precisa, en primer lugar, como quien bebe agua, beber sueños” (Cunqueiro, 1984: 202). Este será el lema de su producción narrativa. 

El gallego es una lengua que ha sido hablada durante siglos y, sin embargo, en lo que a tradición escrita se refiere, encontramos un largo paréntesis que se extiende desde los cancioneros medievales hasta el llamado Rexurdimento del s. XIX, cuyo objetivo se centraba en la revitalización de la lengua gallega como medio de expresión social y cultural. La escasa producción literaria en gallego que se da en dicho paréntesis contribuye a que la tradición oral en Galicia goce de gran vitalidad e importancia. Cunqueiro bebe de esta tradición oral para introducir elementos folclóricos en sus obras, compuestas con gran maestría tanto en lengua gallega como en castellana.

Álvaro Cunqueiro defendía que la realidad no era materia literaria suficiente para crear su obra. Por ello, en su producción la frontera entre lo real y lo imaginario y los límites en el espacio y en el tiempo son bastante difusos y permeables. Sueño y vida se convierten en dos aspectos de la misma realidad. De este modo y como veremos a continuación, en sus obras encontramos personajes extraídos de la tradición literaria universal, como Merlín, Simbad, Ulises u Orestes, que se mezclan con espacios y gentes de su Galicia natal.

Debido a la imposibilidad de abarcar la producción narrativa del autor en su totalidad, me voy a centrar en sus siete novelas fundamentales publicadas entre 1955 y 1974. Tres de ellas fueron escritas y publicadas en gallego y, posteriormente, en castellano, traducidas por el propio autor, Merlín y familia (1955, 1957), Las crónicas del Sochantre (1956, 1959) y Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas (1961, 1962). Las cuatro restantes fueron publicadas directamente en español, Las mocedades de Ulises (1960), Un hombre que se parecía a Orestes (1969), Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca (1972) y El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes (1974).

Las primeras novelas de Cunqueiro, publicadas en los años cincuenta, se inspiran en mitos atlánticos ligados a la cultura gallega. De este modo, en Merlín y familia (1957) se nos da a conocer la vida del antiguo mago de Bretaña a través de las historias que rememora su paje, Felipe de Amancia. La novela se sitúa Galicia, concretamente en la selva de Esmelle, lugar donde se asentó el mago Merlín al morir el rey Arturo. Allí, intentaba dar solución a los problemas de diversos personajes fantásticos como princesas encantadas y barbudas, sirenas enfermas o demonios enmascarados.

El rey –y ahora tengo que ir cortando por ponerle fin a la novela- tenía una hija que le saliera negra, y siendo tan blanco y rubio Pablo, pensó de juntarlos, por si aumentaba la fama de la familia teniendo entre ambos un niño a listas blancas y negras, y en las historias estaba que tuviese el rey un abuelo colorado. (Cunqueiro, 1973: 162).

El fragmento seleccionado se corresponde con la historia de uno de los personajes fantásticos mencionados anteriormente. Esta validez absoluta de la fantasía sin freno, en ocasiones, roza lo grotesco, lo que produce pequeñas explosiones de humor intercaladas en la narración. Es importante destacar que, debido a estos elementos fantástico-maravillosos que encontramos en sus obras, Álvaro Cunqueiro es considerado uno de los precursores del realismo mágico. Sin embargo, podríamos decir que Cunqueiro crea una especie de realismo mágico “a la gallega”, puesto que, en sus obras, lo fantástico convive con elementos cotidianos de su Galicia popular y labriega.

En Las crónicas de Sochantre (1959), cuya versión castellana recibirá el Premio Nacional de la Crítica tres años después, relata la asistencia al funeral del sochantre de Pontivy de una extraña comitiva de difuntos. Para ello, Cunqueiro recoge de la tradición popular gallega el mito de la Santa Compaña, o procesión nocturna de las ánimas del Purgatorio, y la hace emigrar a Bretaña. En esta obra ocurre lo inverso que en Merlín y familia, aquí lo gallego es lo que emigra. Dicha Hueste o Procesión de las Ánimas estará formada por pocos personajes, de tal forma que nos puedan dar a conocer su vida tomando como contexto la Revolución Francesa. Lo curioso es que, cuando escribió esta obra, Cunqueiro no conocía dicha región francesa, por lo tanto, sus descripciones tienen como modelo el paisaje gallego.

En los años sesenta, Álvaro Cunqueiro se centrará en los mitos mediterráneos. De este modo, publica Las mocedades de Ulises (1960), obra que tiene como bases La Odisea y La Ilíada. Cunqueiro nos presenta al famoso navegante griego antes de emprender su gran periplo. 
“Cuando un ítaco sale a recorrer mundo, su madre toma del hogar un trozo de leño, lo apaga, y con su carbón escribe sobre los labios del hijo esta hermosísima palabra: regresar”. (Cunqueiro, 1985: 40). 

Así, el joven Ulises, durante su viaje, aprende a vivir y a soñar a través de las historias que escucha y que, con el tiempo, él mismo transmitirá.

En la obra Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas (1962) nos da a conocer al prestigioso navegante árabe en su vejez, tras haber vivido todo lo que se nos cuenta de él en Las mil y una noches. Simbad se nos presenta como un emigrante que ha vuelto a su país y sueña con volver a los mares de su juventud.





La novela Un hombre que se parecía a Orestes (1969) narra la historia de una venganza que no se llega a dar y que termina por consumir a todos los personajes. Esta obra parte del mito de Orestes que versionó Esquilo en La Orestíada. Sin embargo, en la novela de Cunqueiro, se nos presenta a Micenas como una ciudad en ruinas, donde reina el espionaje y el miedo a que aparezca “el león”, es decir, Orestes. Cuando el héroe llega a la ciudad para cumplir con su misión, ya es demasiado tarde. Se da cuenta de que ha malgastado su vida pensando en cómo llevar a cabo la venganza del asesinato de su padre, Agamenón, y no ha disfrutado de su juventud. El héroe acaba siendo una víctima más del paso del tiempo y de su poder destructor.


Bibliografía:

Blanco Aguinaga, C., Rodríguez Puértolas, J., Zavala, Iris M., (2000): “La postguerra inmediata o los mitos frente a la historia”, Historia social de la literatura española, Madrid: Akal, Vol. II, pp. 400-405.
Casares, Carlos, (1991): “El hombre, esa hierba débil que sueña”, Ínsula, Madrid: Ínsula, Librería, Ediciones y Publicaciones, S.A., nº 536, pp. 11-12.
Cunqueiro, Álvaro, (1972): Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca, (Disponible en: https://www.biblioteca.org.ar/libros/142429.pdf) [Consultado: 08/04/2020]
Cunqueiro, Álvaro, (1973): Merlín y familia, Barcelona: Ed. A. H. R.
Cunqueiro, Álvaro, (1984): Tesoros y otras magias (Ed. César Antonio Molina), Barcelona: Tusquets, p. 202.
Cunqueiro, Álvaro, (1985): Las mocedades de Ulises, Madrid: Colección Austral Espasa-Calpe.
Florit Durán, Francisco (sin año): Semblanza de Álvaro Cunqueiro (Desde el recuerdo), Universidad de Murcia, pp. 5-9. (Artículo disponible en: https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/15213/1/01%20vol73%20Semblanza%20de%20Alvaro%20Cunqueiro.pdf )[Consultado: 09/04/2020]
García Tejera, Carmen, (1991): “Las siete vidas de Álvaro Cunqueiro”, Ínsula, Madrid: Ínsula, Librería, Ediciones y Publicaciones, S.A., nº 536, pp. 5-6.
Martínez Torrón, Diego, (1979): “La fantasía lúdica de Álvaro Cunqueiro”, Cuadernos hispanoamericanos. Revista Mensual de Cultura Hispánica, Madrid (Cuidad Universitaria): Centro Iberoamericano de cooperación, nº 347, pp. 328- 361.
Pérez-Bustamante Mourier, Ana-Sofía, (sin año): Álvaro Cunqueiro, novelista (o en qué se parece una novela a un huevo)”, Álvaro Cunqueiro  (1911-1981) Instituto Cervantes: Centro Virtual Cervantes. (Disponible en: https://cvc.cervantes.es/actcult/cunqueiro/) [Consultado: 09/04/2020]
Viñó-García, M., (1967): “La excepción de Álvaro Cunqueiro” Novela española actual, Madrid: Ediciones Guadarrama, pp.115-128.

lunes, 13 de abril de 2020

ANTOÑITA LA FANTÁSTICA, creación de BORITA CASAS



ANTOÑITA LA FANTÁSTICA


En esta segunda entrada sobre Borita Casas hablaré sobre el primer libro de la colección e introduciré a nuestra personaje principal: Antoñita la Fantástica.

 Antoñita es una niña de unos ocho o nueve años que cuenta la vida cotidiana de su familia acomodada de Madrid de los años 40. Escrita en primera persona a modo de diario, nos sorprende con su ingenuidad y su habla llena de gracia. Rebosante de curiosidad, sus observaciones son propias de una chiquilla de su edad, pero que están llenas de razón. Como el resto de protagonistas de la literatura juvenil de la época, usa un lenguaje maduro, casi adulto aunque Borita Casas utiliza repetidamente el diminutivo para ofrecer una mirada más tierna del mundo, reflejo de la propia infancia de la autora (Bravo 1990:27).

La colección juvenil Antoñita la Fantástica cuenta con doce tomos.
Ella es “arquetipo de la niña, la adolescente y la joven que toda mujer hemos sido” en palabras de la autora. Para Borita Casas “ha resultado sencillísimo escribir doce libros sobre la vida corriente, vulgar y fantástica, que es siempre el cotidiano pasar de tantas Antoñitas que hay desperdigadas en el mundo” (Casas 1958:592). Con estas palabras se dirige nuestra escritora a su amigo Don José Simón Díaz el 13 de octubre de 1958.

El primer libro de la colección se llama Antoñita la Fantástica, publicado por la editorial Gilsa. La obra empieza de la siguiente manera:
“De pronto, queridas niñas que leéis Mis chicas ha pasado una cosa fantástica. A mí no me importa nada que me digan que soy eso, al contrario; yo creo que en el fondo me gusta, y muchas veces me pongo a reír por dentro, que es una cosa que me da mucho gusto porque no se entera nadie más que yo”. (p.7)

Aquí ya vemos que Antoñita se dirige a nosotras como lectoras, expresa todos sus sentimientos al estilo de un diario, además nos sirve para conocer la realidad madrileña de la época; la revista Mis chicas, la primera revista femenina de la posguerra española. Se menciona, más adelante, la Zambra 1947 que es un espectáculo que gozó de gran popularidad en la época; el “rincón de belleza” del periódico, escenas en el metro, la verbena…

Los personajes que aparecerán en la mayoría de las entregas son: Antoñita, su chacha Nicerata, su asistenta Remigia, su abuela, su madre, su cariñoso padre, su hermano Pepito, su tía Carol y su mejor amiga Malules. Presenta, por lo tanto, un cuadro familiar típico de cualquier niña de clase pudiente. Destacable es el contraste coloquial entre Antoñita y su ama Nicerata que representan la misma familiaridad entre dama y criada de las comedias, quien muchas veces ejerce el papel de madre. (Bravo 1985:197)
 Dibujos de Zaragüeta (2004)
 El principal rasgo de la obra se debe a la comicidad que provoca la ingenuidad de Antoñita sobre las “cosas de los mayores”. Encontramos numerosos ejemplos tales como: “pobrecillo; con lo viejo que es y dice que es “mozo” (p. 41); “es el difunto esposo de doña Sabina, que, según ella, era un pedazo de pan. Y es que se ve que esa señora no piensa más que en comer”. El humorismo también se presenta en los problemas de escritura que tiene Antoñita, “fijaos lo difícil que es de escribir esa palabra: E-U-CA-LIP-TOS” (p. 83).

Otro de los rasgos que caracterizan a la obra son los contrastes que refleja Antoñita cuando viaja fuera de Madrid. Su primera salida es a Mendigorriaga donde describe la lengua vasca como “hablan una cosa que no las entiendo nada; mucho más difícil que el francés y que todo en el mundo” (p, 44).
Su segunda salida es al pueblo soriano de Nicerata donde se encuentra con costumbres que le resultan diferentes: “me acerqué a la pila del agua bendita y me persigné; luego pasé por entre los hombres que no sé por qué se ponen solos en la entrada”, o cuando un hombre guiña el ojo a Nicerata pidiéndole matrimonio y ella piensa “¡qué pena ser de Madrid! Porque esas cosas no las pueden hacer más que los de pueblo. De modo que lo único que contesté con mucha rabia fue que la chacha se casaría con él cuando las ranas críen pelo” (p.115). En el pueblo conoce a una niña llamada Eduviges gracias a quien descubre el trabajo de campo como sacar las cabras, que recuerda con cariño cuando vuelve a Madrid “¡las ocho ya! … ¡la hora de las cabras! Y sentí un nudo en la garganta y unas ganas de llorar horribles” (p.137).

Otro episodio que merece la pena mencionar es cuando le roban a la cacha el monedero y Antoñita reflexiona sobre la importancia del dinero “al pasar por una confitería se me antojó un bollo con bastante buena pinta; ya iba a decírselo a la chacha cuando me acordé que no teníamos más que treinta céntimos… ¡Dios mio, qué pobres éramos! Y por primera vez en mi vida me di cuenta de la falta que hace el dinero” (p.142).
Otro episodio donde vuelve a salir el tema del dinero es al final, cuando celebran nochebuena: “¡un enorme pavo, tan grande como un avestruz, me miraba muy tieso! Por lo visto, era un regalo para papá”; “ salimos a comprar dulces y fiambre. ¡hoy, la de cosas que compramos! Yo no sé de donde saca mamá tanto dinero, porque como siempre se está quejando….” (p.183). Con estos pasajes podemos apreciar claramente el tipo de ámbito social en el que se mueve Antoñita y su familia, episodios costumbristas de una familia acomodada de Madrid.
Al igual que al comienzo del libro, termina dirigiéndose a las lectoras con el adelanto de una nueva entrega. Recordar que Antoñita nació como un personaje radiofónico, por ello el libro se divide en diferentes escenas.
“¡huy qué pena! ¿pero cómo se ha terminado este libro tan pronto? […] Ahora precisamente que os quería contar un sueño precioso que tuve anoche […] mañana mismo os prometo empezar a escribir otro libro”.

Bibliografía

BRAVO-VILLASANTE, Carmen (1990). “Borita Casas, La eterna niña” en Cuadernos de Literatura Infatil y Juvenil, N.º 19, pp. 28-30

BRAVO-VILLASANTE, Carmen (1985). Historia de la literatura infantil. Madrid: Editorial Escuela Española, S.A.

CASAS, Borita (2004). Antoñita la Fantástica (5º edición). Madrid: Editorial Edaf, S.A.

CASAS, Borita (1958). “Antoñita la fantástica”. En la Revista Mensual del Instituto Nacional del Libro Español. Tomo I, Nº11, pp. 591-594.



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