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jueves, 7 de mayo de 2020

CONCLUSIONES sobre Delibes y Cinco horas con Mario

Con esta última entrada finaliza mi andadura por el blog, en el que he colaborado con el análisis de Cinco horas con Mario y un previo acercamiento a la figura de su autor, Miguel Delibes. Así pues, es momento de exponer las conclusiones que su realización y su investigación me han sugerido.

Sobre el escritor vallisoletano, quiero destacar su habilidad para la naturalidad narrativa y, sobre todo, dialogada. El lenguaje que utiliza en sus obras es el lenguaje de la calle, sin ornatos poéticos ni grandilocuentes, y rebosante, en cambio, de modismos, refranes... que reflejan no solo la sensibilidad del autor hacia la vida humilde y popular sino también su admiración por ella. Gracias a este uso lingüístico en CHCM, la obra consigue impactar con muchísima más fuerza en el lector, quien entiende lo que lee y, además, se ve apelado, de alguna forma, en ello. 
La mayoría de las obras de Delibes están ambientadas en el espacio castellano, generalmente en la provincia de Valladolid. Con ello, el escritor denuncia la necesidad de una mayor atención a la economía regional y, sobre todo, a la rural. En CHCM, aunque no se presenta de una manera explícita la localización, podemos suponer, por los frecuentes laísmos, que los personajes sean vallisoletanos. Sin embargo, esta novela pretende una dimensión nacional, no local, al plantear, con una fuerza expresiva que abruma, el conflicto de las dos Españas, analizado ad nauseam. Esto demuestra, de nuevo, que Delibes era un hombre muy consciente de su contexto colectivo, pero también de su circunstancia individual, al encontrarse, como sucedió con Miguel Hernández tras su muerte, pretendido por ambos sectores ideológicos. 
Delibes, imperecedero

En cuanto a lo que respecta estrictamente a la obra, si es que lo estricto en la literatura existe y no converge en lo biográfico y contextual, CHCM destaca, sobre todo, por su forma monologada. El soliloquio de Carmen es mantenido durante más de doscientas páginas sin resultar tedioso ni repetitivo. Y es paradójico: no resulta repetitivo precisamente porque las repeticiones discursivas se explicitan de una forma más que evidente (casi descarada) por el personaje, de modo que se anula la sensación de un ''eterno retorno'' y se comprende, mejor, que es un recurso intencionado por el escritor. El monólogo de la novela permite, además, su versión teatralizada, como muchas de las obras de Delibes, llevadas también al cine, como Los santos inocentes. 
La elección formal es, en CHCM, una elección puramente sustancial: no dar voz a Mario supone reconocer el monopolio discursivo y comunicativo de Carmen, pese a su nula significación. El monólogo es, por tanto, el reflejo del país en 1966.
Por otra parte, la novela exige una fuerte implicación del lector, impelido constantemente, en cada intervención de Carmen, a hacer gala de su presupuesta capacidad crítica para no caer en el fácil maniqueísmo que el autor le ofrece de una forma más que evidente: Carmen es el personaje negativo y Mario el positivo.
CHCM permite, además, interpretaciones tan diferentes y opuestas como sus personajes. El ejercicio crítico del lector puede ayudar a comprender la desafección que siente Carmen por su esposo y hacerlo descender desde la figura idealizada de pensador, mártir e incomprendido hacia la materialidad de ensimismado, apático y sexualmente impasible. Del mismo modo, al igual que se puede llegar a sentir una absoluta repugnancia moral por Carmen, se puede llegar a dar el rechazo y el menosprecio hacia el personaje de Mario. Todo ello demuestra uno de los postulados de la Teoría de la Recepción: hay tantas interpretaciones como lecturas, y lecturas como lectores. No obstante, no por ello hay que relativizar la intención de Delibes, que es claramente retratar una sociedad imbécil, en el sentido etimológico de la palabra (''sin báculos, sin apoyos''), inmersa en una débil e incierta deriva ideológica y moral que anula cualquier sentido de humanidad, así como no hay que olvidar que la aparición final de Mario (hijo), con esa abertura de las ventanas para ''airear el ambiente'' hace de CHCM una obra esperanzadora y optimista con respecto al futuro progresista del país: una novela de reconciliación colectiva.

Diez citas imprescindibles de Delibes para celebrar su 99 cumpleañosHasta aquí, pues, las conclusiones. Espero, honestamente, haberos animado a la lectura de esta obra que, para mí, ha resultado deliciosa por lo exigente de su apelación. Os deseo, por tanto, que la leáis, que os acerquéis a ella, y que experimentéis (y disfrutéis, desde el distanciamiento irónico que proponía Schlegel y que retoma aquí Delibes) ese ''rifirrafe'' constante con Carmen Sotillo.























viernes, 24 de abril de 2020

Las perlitas de Carmenchu

SEÑORA FRANQUISTA (@seorafranquista) | TwitterEsta entrada está dedicada a los highlights de Carmen Sotillo. Carmen es un personaje que se define, como pocos otros, en sus palabras, y es totalmente fiable el autorretrato que de su monólogo se deriva precisamente porque no es consciente de que se esté definiendo.
En su soliloquio, Carmen demuestra que siempre se ha avergonzado de Mario, de sus vestimentas, de sus libros, de sus actitudes ''proletarias'', de su apariencia física... Está desesperada porque no encuentra en Mario el canon de masculinidad (agresividad, protección, dependencia, fuerza física) que, para ella, es fundamental: Carmen es una víctima más de los cánones de la ideología conservadora, de todos ellos. Es, por tanto, fuertemente dogmática, intransigente y arrogante.
Con todo, CHCM permite también una lectura feminista que es enormemente interesante. La pregunta ''¿Y si Mario fuera la causa del comportamiento irritante de Carmen?'' queda imposibilitada en las primeras páginas, pero, en cambio, la pregunta ''¿Ha influido Mario en el comportamiento de Carmen?'' sí puede responderse con mayor rigor, especialmente si atendemos al complejo sexual que  Carmen manifiesta constantemente, relacionándolo con la indiferencia y la inapetencia de Mario; la noche de bodas, en que Mario ''se da la vuelta y se echa a dormir'', marca inevitablemente la percepción que Carmen tiene de sí como individuo sexual. No obstante, es esta una reflexión que, aunque interesantísima, no procede en esta entrada. Por tanto, basten los adjetivos y sean sus palabras las que la definan... (os pediré que tratéis de imaginar un gracioso redoble de tambor en los puntos suspensivos que siguen)



Carmenchu es... ¡machista!

En alguna ocasión, Carmen suelta alguna rafaguilla feminista que resulta ciertamente precisa y directa:

El día que os casáis, compráis una esclava (1984: 36) o una fregona (1984: 95)

También las suelta con cierto humor: 

Lo que le pasa a Esther es que no te ha visto con zapatillas, que es como hay que veros a los hombres (1984: 97)

Pero lo cierto es que no son nada más que eso, rafaguillas, que quedan brutalmente eclipsadas ante:

Aunque mujer, no soy blanda (1984: 74)

Una mujer es un ser indefenso, Mario, necesita que la dirijan (1984: 179)

¿Para qué va a estudiar una mujer, Mario, si puede saberse? ¿Qué saca en limpio con ello, dime? Hacerse un marimacho, ni más ni menos, que una chica universitaria es una chica sin femineidad, no le des más vueltas, que para mí una chica que estudia es una chica sin sexy, no es lo suyo (1984: 53)

Al fin y al cabo, Carmen se considera a sí misma una ''mujer de su casa'' (1984: 40) cuya preocupación consiste en ''saber pisar, saber mirar y saber sonreír'' (1984: 63)



Carmenchu es... ¡clasista!

Su matrimonio es un cóctel explosivo, ya que Mario tiene fuertes convicciones socialistas, que ella no duda en menoscabar siempre que puede:

La bici no es para los de tu clase (1984: 40)

Sin embargo, como Mario no debía de hacerle mucho caso, se contenta con que sus críticas se difuminen en el aire de lo impersonal:

Y yo, otra cosa no, pero cada cual con los de su clase (1984: 50)

A los pobres les sacas de su centro y no te sirven ni para finos ni para bastos (1984: 65)

 Enseguida os tragáis esas historias de que más de media humanidad pasa hambre, imagínate, que el que pase hambre hoy es porque le da la real gana, Mario, como lo oyes, porque, lo que yo digo, si tienen hambre, ¿por qué no trabajan? ¿Por qué las chicas no se ponen a servir como Dios manda, di? Lo que pasa hoy es que hay mucho vicio, Mario, que hoy todas quieren ser señoritas y la que no fuma se pinta las uñas o se pone pantalones, y eso no puede ser, que estas mujeronas están destrozando la vida de familia. (1984: 191)

Como cabe esperar de su clasismo, Carmen defiende la monarquía como sistema de gobierno legitimo. La defiende, eso sí, a su manera:

 Porque la Monarquía es bonita, Mario, por más que digas, que no es que yo sea tan apasionada como papá, pero date cuenta, un rey en un palacio y una reina guapa y unos príncipes rubios y las carroces y la etiqueta y el protocolo y todo eso (1984: 79)



Carmenchu es... ¡xenófoba! 

Una cosa lleva a la otra y, por supuesto, la xenofobia, el antisemitismo y el racismo no pueden faltar en este estupendo manual de cómo no hay que ser que es Carmen Sotillo:

 Hasta los negros de África quieren ya darnos lecciones cuando no son más que caníbales (1984: 74) 

 Aparte la repugnancia natural, hay que ver el quehacer que debe de dar un negro, imagina, solo en lavado de ropa. (1984: 218)

 Pero antes la muerte, fíjate bien, la muerte, que rozarme con un judío o un protestante (1984: 75)

Pero lo podemos llegar a entender, si tenemos en cuenta que: 

 Somos los más católicos del mundo y los más buenos, que hasta el Papa lo dijo, mira en otros lados, divorcios y adulterios (1984: 50)

Y claro, como en España, en ningún sitio. ¡Lo dice el Papa!



Carmenchu es... ¡totalitaria!

No sorprendería que diese alguna que otra ojeada, para inspirarse, como hacía con la Biblia, al Mein Kampf cuando iniciaba sus monólogos:

Que si la bomba atómica esa la perfeccionasen de tal modo que pudiera distinguir, que ya sé que es una bobada, pero bueno, y matase solo a los que no tienen principios, el mundo quedaría como una balsa de aceite (1984: 130)

Mario sufre una agresión policial por cruzar un parque montado en bici por la noche. Carmen, lejos de apoyarlo y defenderlo, justifica la acción escudándose en que:

El guardia cumplía con su deber y si te hubiera matado, pues en acto de servicio, fíjate, pues qué quieres que te diga, porque sí, porque así son las cosas, porque las han establecido de esa manera (1984: 66)

Como veis, más que el contenido, es la forma que este adopta la que revela la ignorancia de Carmen, plagado de muletillas y fórmulas lingüísticas vacías y muertas. Carmen es una niña, ingenua, al margen de la realidad, que se sustenta difícilmente entre los dogmas ultracatólicos y ultraconservadores. Es una completa ignorante:

Ni los bombardeos me importaban, ya ves, ni me daban miedo ni nada, que las había que chillaban como locas cada vez que sonaban las sirenas. Yo no, palabra, todo me divertía, aunque contigo ni entonces ni después se podía hablar (1984: 61)

Por todo ello, la comunicación con Mario es absolutamente inexistente. Podrán hablarse, pero nunca entenderse. El mayor gesto de integridad moral de Mario es, para Carmen, una rabieta de niño. El lector siente como suya esta incomunicación, que, seguramente, frustró a Mario hasta la depresión, hasta ''los nervios''. 
Mario rechazó un puesto de trabajo en un diario de Madrid, con el que seguramente habría ganado mucho dinero, porque censuraron y modificaron parte de sus artículos. Para Carmen, como digo, esta manifestación de integridad y dignidad es poco más que:

Una cabezonada, que si te pusieron Cruzada en vez de guerra civil, o una pamplina de esas (1984: 191)


Carmenchu es... ¡intransigente!

He aquí el origen de todos los males. Carmen repele cualquier manifestación de heterogeneidad, y, por ello, le repugnan los intelectuales, le repugna su marido:

A los intelectuales deberían prohibirles ir a la playa, que así, tan flacos y tan cruditos, resultan antiestéticos, más inmorales que los mismos bikinis. (1984: 189) 

Por nada del mundo quisiera tener un hijo intelectual, una desgracia así, antes que Dios se lo lleve, fíjate. (1984: 123) 

Pese a ello, ha querido la suerte (el autor) que su hijo, Mario, aspire a convertirse en un filósofo. Por ello comentaba en las entradas anteriores que Cinco horas con Mario es una obra esencialmente optimista, aunque, eso sí, como veis, optimista a la manera delibesana, castellana, es decir, tampoco mucho.


La lectura de CHCM me ha llevado a considerar que Carmen Sotillo es un personaje con una entidad y una fuerza suficientes como para equipararse a los otros grandes personajes femeninos de la literatura española, como la Bernarda Alba de Lorca, la doña Inés de Zorrilla, la Paquita de Moratín o la Marcela de Cervantes. Así, os lanzo la siguiente pregunta: ¿Qué otros personajes femeninos añadiríais a esta lista? Y: ¿Cuál de las ''perlitas'' de Carmen os ha impactado más? ¡Podéis comentar vuestras respuestas en esta misma entrada!


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Delibes, Miguel,  Cinco horas con Mario, España, Círculo de lectores, 1984, introducción de Rafael Conte y epílogo de Alberto Cousté.

jueves, 23 de abril de 2020

La forma es contenido en CHCM

Cinco horas con Mario es una obra, como comentaba en la entrada anterior, bastante exigente para el lector. No hay una referencia claramente positiva con quien se pueda establecer una relación simpática ya que no nos podemos permitir caer, como lectores críticos que pretendemos ser, en el maniqueísmo de ''Carmen es mala, Mario es bueno'', ni elevar a Mario a la categoría de mártir basándonos en las palabras de Carmen. CHCM es muy pirandelliana en este sentido (en la línea de su libro Uno, nessuno e centomila ''Uno, ninguno y cienmil''): somos lo que decimos, pero también lo que dicen de nosotros y, al final, no somos ni lo uno ni lo otro: somos ninguno, somos Mario, una tierna reminiscencia temporal.
¡Elegí una página aleatoria y conté nada
menos que trece expresiones coloquiales!
El monólogo de Carmen está construido conforme al estilo indirecto libre y la asociación caótica de ideas, si bien las citas bíblicas que introducen cada episodio dan una cierta ubicación temática, pero igualmente vaga. La clave del estilo de la obra radica en el registro coloquial que emplea Carmen, con gran abundancia de frases hechas e incoherencias sintácticas, pero también de lugares comunes en lo referido al ámbito político, cultural y, en suma, ideológico. Como la situación comunicativa (el velatorio y el monólogo) permiten la adecuación de este registro, el fluir de conciencia de Carmen no arriesga la elegancia lingüística de Delibes, sino que la eleva, al saber este comprender la necesidad de este formato narrativo. En este sentido, el bagaje lingüístico del autor resulta portentoso: CHCM es todo un manual lingüístico-pragmático del uso del español coloquial, donde los refranes, los modismos, los apelativos... gozan de una diversidad que, sin duda, alzan a la lengua castellana hacia grandes picos de belleza. La lectura de CHCM puede ser, por ello, muy recomendable para estudiantes de español como L2 (de nivel avanzado, eso sí) que quieran profundizar en el uso no académico de la lengua, el cual viene, las más de las veces, indiscriminadamente denostado en las escuelas de idiomas.
Delibes fue un gran escuchador de la calle y la tierra, y lo demuestra en todas sus obras. Plasma el lenguaje de calle con una naturalidad y una fluidez exquisitas. Detalles como el laísmo de Carmen (propio de Valladolid) dan buena fe de ello: ''La faltó tiempo'' o ''la gusta meter la nariz en todo'' (1984: 171)
El soliloquio de Carmen, no obstante, esconde mucho más: la suya es una única voz, que impera, a sus anchas, sobre el silencio, forzado por la muerte, de su voz opuesta. Es, en fin, el retrato de España, ensimismada en el discurso de los vencedores, renegada del de los vencidos, despojados estos de su propia palabra. Por ello, la elección del monólogo resulta brillantemente oportuna.
No obstante, el discurso de los vencedores, representado en Carmen, no sale nada favorecido. Delibes, en CHCM, se moja, y mucho, reflejando, mediante un potente juego irónico, la ignorancia y la enorme (y agobiante) pereza intelectual que predominaba en el discurso franquista. En los documentales citados en las primeras entradas, se comentaba que siempre se exigió a Delibes un compromiso político mayor, probablemente siguiendo el modelo intelectual sartriano, y se llegó a dudar, incluso, de sus afinidades ideológicas. Creo que CHCM es un testamento ideológico bastante claro y que responde, por sí mismo, a esas dudas que en un momento se colocaron sobre su figura.
CULTURA - Mi Petit Madrid * - (Mi PETiT) HOMENAJE A...MiGUEL DELiBESEl hecho de que el discurso de Carmen esté plagado de frases hechas y de muletillas revela, con lucidez, la escasez de apoyos sólidos y reales de su pensamiento. En un modo totalmente anti-científico y nada riguroso, yo fijaría entre el 80 y el 90% la cantidad de texto monologado que está basado en la nada conversacional, en las fórmulas, en los modos de decir y en los argumentos tradicionales. Los únicos contenidos, que se reducen a episodios anecdóticos (pero esclarecedores) de la vida de Mario, ocupan pocas líneas, y un desarrollo mínimo y siempre impregnado de la subjetividad deformadora de Carmen. Además, estos episodios vitales (la noche de bodas, los celos hacia Encarna o Esther, el vestir ''proletario'' de Mario, las faltas de ''protocolo'' en ciertos eventos sociales...) se repiten constantemente a lo largo del monólogo, a veces con las mismas frases, ''elevando, como consecuencia, el carácter autónomo de Mario'' (2001: 217). Carmen recurre a lugares comunes del pensamiento ultraconservador español, como el rechazo a todo lo francés (lo ''franchute'' o lo ''extranjerote (1984: 54)), como decía aquel sainete neoclásico de La moderna educación, demostrando, una vez más, que Carmen no tiene nada que decir: otra de las grandes lecciones de CHCM es, pues, que hablar mucho no siempre equivale a hablar bien. Como veis, en la obra de Delibes, ''la palabra se convierte en el fin, no en el medio de la obra narrativa'' (2003: 159).
Así las cosas, considero que queda suficientemente clara la idea que quería transmitir sobre la  especial importancia de los rasgos formales en esta obra, y que Bottaro comenta de la siguiente manera: ''Delibes entreteje una estrecha relación entre la materia ideológica y el rasgo formal predominante de su novela'' (2001: 21).

Antes de dar paso a las conclusiones, dedicaré la siguiente entrada a Carmen Sotillo que, sin duda, no os dejará indiferentes...


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Bottaro, Mayre ''La ironía como artificio constructivo en Cinco horas con Mario de Miguel Delibes’',  Nº34, 2001, 20-33

Delibes, Miguel,  Cinco horas con Mario, España, Círculo de lectores, 1984, introducción de Rafael Conte y epílogo de Alberto Cousté.

Frey, César, ''Las dos Españas en Cinco horas con Mario de Miguel Delibes’’, Vol.7, Nº13-14, 2001, 216-223


Villanueva, Darío, ''Seis claves para Delibes'' en Siglo XXI: Literatura y Cultura españolas: revista de la Cátedra Miguel Delibes, Nº1, 2003, 149-173


miércoles, 22 de abril de 2020

Comentario crítico a Cinco horas con Mario: la trampa de Delibes

Cinco horas con Mario: Cincuenta años de historia - YouTube''Una caricatura de la estrechez provincial'' (2003: 105) o ''uno de los alegatos más contundentes de nuestras letras contra el conservadurismo de las clases medias crecidas en el humus del nacionalcatolicismo'' (2003: 9) son dos buenas definiciones de CHCM, la novela monologada que Delibes escribe en 1966 y con la que pretende realizar un retrato crítico y muy irónico de la España de la posguerra y, en particular, de la intransigencia y violencia del español castizo y ultraconservador. Estos valores (y otros muchos más, que desglosaré en otra entrada), los encarna Carmen Sotillo, la viuda de Mario Díez, que protagoniza un largo monólogo durante las cinco horas que pasan desde que consigue estar sola en el velatorio de su marido hasta el traslado del cuerpo al cementerio. La obra es un reflejo claro y explícito del recurrente motivo de las ''Dos Españas'', un reflejo muy severo y difícil de asimilar, ya que el lector tiene que soportar cómo se van sucediendo, sin la fresca confrontación de un interlocutor, las barbaridades morales e ideológicas que defiende Carmen (no os preocupéis, dedicaré una entrada solo a esto, pero id haciendo estómago...)

El libro está dividido en tres partes: una introducción, ubicada en el velatorio de Mario, donde se refleja la hipocresía burguesa (en la línea de la''feria de vanidades'' de Gil de Biedma) y que Delibes expresa con gran acierto irónico al denominar ''bultos'' a los allí presentes, al poner en boca de los personajes las fórmulas lingüísticas más convencionales y vacías o al describir la forma de saludar a la viuda: ''Carmen se inclinaba, primero del lado izquierdo, y, luego, del lado derecho, fruncía los labios y dejaba volar el beso, de manera que la otra sintiera un breve estallido pero no su efusión'' (1984: 22); le siguen veintisiete fragmentos del monólogo de Carmen, introducidos todos ellos por una cita bíblica que la mujer emplea para defender sus comentarios y en base al estilo libre indirecto y la asociación de ideas, técnicas, ambas, bastante novedosas en la literatura española y procedentes de los textos estadounidenses; por último, el encuentro entre Carmen y su hijo Mario, que supone la derrota de la visión extremista de Carmen frente al pensamiento del hijo, que encarna la esperanza en un futuro más abierto y tolerante. Por ello, CHCM es una novela en la que Delibes expresa un cierto optimismo con el devenir de España.

El monólogo de Carmen es, en realidad, la justificación desesperada de una ligera infidelidad que esta mantiene con Paco, uno de los personajes secundarios, y que atormenta los principios católicos de castidad, lealtad y recato en los que Carmen fundamenta parte de su cosmovisión. Pese a que Carmen suplica, con gran patetismo, el perdón a Mario (aunque muerto, Carmen se dirige a él como si continuase con vida), lo cierto es que sus disculpas no son nada sinceras, y vienen originadas por la presión de su conflicto moral interior. Por ello, todo el monólogo consiste en envilecer la figura de Mario, vejándolo en muchas ocasiones, y pretendiendo justificar, con los que Carmen considera defectos de su marido, su desliz amoroso con Paco: ''Tú, Mario, un don nadie, para qué nos vamos a engañar'' (1984: 178),  ''Que no tienes donde caerte muerto'' (1984: 95) o  ''Que a seco y despegado no te gana nadie, cariño'' (1984: 54) son solo algunos de los ejemplos de la crueldad de Carmen.
Sin embargo, los defectos de Mario no son tales, y, por el contrario, engrandecen su figura: es un individuo, ante todo, intelectual, tremendamente íntegro en lo ético, galante de unos principios dignos y honestos relacionados con ciertos anhelos revolucionarios de carácter socialista-proletario, en lo religioso, protestante, contrario a la caridad católica, desconforme con el régimen político del momento y con sus valores sociales, y humilde, muy humilde. Esta humildad, así como el conformismo económico, sacan especialmente de quicio a Carmen: el no tener coche (el famoso Seiscientos) genera en Carmen una vergüenza y un bochorno de magnitudes estratosféricas porque le hacen sentirse parte de las clases bajas y pobres, teniendo que desplazarse en el transporte público, lo cual le repugna y le produce náuseas. Son muy numerosas las escenas de la vida de Mario que Carmen destroza con su juicio conservador, y con las que culpa al difunto de su infelicidad y del fracaso de su matrimonio. Estas escenas no reflejan otra cosa que la grandeza moral de Mario y, por tanto, la bajeza de Carmen, lo cual encaja en el juego irónico que plantea Delibes y que Bottaro analiza con gran precisión: ''Si un personaje no calificado para emitir juicios de valor valora algo como negativo, entonces este será positivo (también lo es para el autor)'' (2001: 22).
Carmen arremete contra la totalidad de la figura de su marido, calificando de ''ambiente mezquino'' a su familia, y defendiendo la agresión policial que el propio Mario sufre por ir en bicicleta por la noche (la bicicleta, de nuevo, un elemento muy delibesano). No muestra ningún tipo de piedad sino que menosprecia la depresión que Mario sufrió en sus últimos años de vida (probablemente causada por la frustración que le suscita el pensamiento de Carmen) y que deriva en una profunda crisis existencial y ética. Carmen desprecia a Mario, le repugna su intelectualidad (trabaja en un diario de corte izquierdista y es catedrático de Historia en la Universidad) y su físico (pálido y delgaducho). En este sentido, ''Delibes puede ser muy cruel en este relato, y las eternas quejas de Carmen (…) configuran un panorama aterrador'' (1984: XI). Por ello, resulta algo inverosímil la base argumental de la obra, ya que son dos individuos, Carmen y Mario, absolutamente opuestos, incompatibles, sin amor y, sobre todo, sin comunicación. Uno de los personajes femeninos, Esther, una de las amigas de Carmen, sí comprende a Mario, y lo defiende ante las burlas de Carmen, generalmente dirigidas al tedio que le suscitan los libros escritos por su marido y sus reflexiones éticas. 
Hay que señalar, por su parte, que el personaje de Mario recoge muchas de las anécdotas biográficas de Delibes, desde el uso de la bicicleta, hasta el trabajo en el periódico o el rechazo del progreso ''motorizado'' (el coche).

Por lo que respecta al estilo, lo que hay que comentar de ello es, si cabe, más interesante, porque es fundamental en la comprensión de la obra: el aparato formal de CHCM es una clave sustancial, del contenido. La apuesta de Delibes por el monólogo no es nada casual: ''Según las exigencias del tema adopto una técnica u otra’’ (1985: 356*), pero sobre el elemento sustancial en la forma de la novela hablaré en la siguiente entrada, porque lo considero un rasgo narrativo de precisiones únicas. 

Por lo tanto, finalizaré esta entrada con la atención a otro de los elementos fundamentales de toda obra literaria: su lectura.
La lectura de CHCM supone un enorme desafío a la conciencia crítica del lector, ya que, desde el inicio, está impelido a sentir un profundo rechazo por Carmen así como a compadecerse de Mario. En efecto, ‘'la habilidad de Delibes consiste en hacernos simpatizar con el muerto enmudecido y no con la verborreica protagonista’’ (1984: 256). Como lector, he intentado rebelarme contra la trampa de Delibes, esforzándome por encontrar algún punto de simpatía en Carmen que justificase realmente su modo de hacer y de pensar, pero ha sido imposible. La trampa de Delibes está calibrada desde la primera hasta la última palabra, y es asfixiante: el lector está obligado a ''escuchar'' el monólogo de Carmen sin que ningún otro personaje intervenga para contradecirle y enfrentar la ideología. Recuerdo que me dijeron que hacía falta mucha paciencia para leer CHCM, yo pensé que se referían a la extensión del libro, o al lenguaje utilizado en él, pero no, se referían, por el contrario, al ejercicio estoico que el lector debe poner en práctica ante los continuos ataques a los derechos humanos de Carmen. 
Delibes y Cinco horas con MarioSin embargo, en algunas ocasiones, el libro peca, a mi juicio, de enunciados demasiado maniqueos que despiertan al lector de su rechazo absoluto a Carmen y que provocan en él la reflexión de que puede que también Carmen esté siendo deformada, en este caso por el autor. ''Leer y pensar es malo, cariño, convéncete'' (1984: 50) es uno de los ejemplos en los que es tan vago el pensamiento de Carmen, tan superfluo, tan imbécil (en el sentido etimológico de la palabra, aunque también, si me permitís, en el convencional) que origina en el lector un cambio de actitud, desplazándolo desde la impotencia y la repugnancia hacia la sonrisa irónica. 
En Cinco horas con Mario, Delibes somete al lector a una exasperante prueba moral que convierte la obra en un valle lacrimorum, solo que las lágrimas resultan ser de rabia ante el reconocimiento de una España no tan lejana y aún presente en muchas de los Cármenes del día a día. Pero, con todo, Delibes es un autor que cuida a sus lectores, y todo el desgaste psicológico que causa el monólogo de Carmen encuentra su recompensa en la aparición, fresca como el agua en verano, de Mario (hijo), que, con su intervención produce en el lector una suerte de catarsis que se debe saborear como se debe: 


''Nos hemos dado cuenta de que lo que uno viene pensando desde hace siglos, las ideas heredadas, no son necesariamente las mejores. Es más, a veces no son ni tan siquiera buenas, mamá'' (1983: 244). 


Breve entrevista a Lola Herrera sobre la versión 
teatral de CHCM

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*Citado por Martínez Cachero (1985: 356) en la entrevista de Andrés Amorós, Yo, Madrid, 1974, 40

Bottaro, Mayre ''La ironía como artificio constructivo en Cinco horas con Mario de Miguel Delibes’',  Nº34, 2001, 20-33

Delibes, Miguel,  Cinco horas con Mario, España, Círculo de lectores, 1984, introducción de Rafael Conte y epílogo de Alberto Cousté.

Sanz Villanueva, Santos, "Miguel Delies", en Revista de la Fundación Juan March, Nº. 332, 2003, 3-14

Sobejano, Gonzalo, ''Narrativa española 1950: 2000: la novela, los géneros y las generaciones'', en Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, Nº 693, 2003, 99-112











sábado, 11 de abril de 2020

''Hombre, espacio y pasión'', la tríada poética de Delibes

Estas tres son las claves que, según defendía Miguel Delibes, debían estructurar cualquier novela. El cuerpo de las obras de nuestro escritor está muy deliberado, con profundas investigaciones sobre los registros lingüísticos (ya comentados) y sobre la psicología de los personajes. Para El hereje (1998), una novela atípica en su tendencia narrativa ya que traslada la acción a los momentos del protestantismo (aunque, eso sí, siempre en Valladolid), Delibes preparó una enorme documentación, durante más de dos años, sobre las vestimentas, modos de habla, costumbres y, por supuesto, devenir de los acontecimientos históricos. Mereció la pena, porque su novela resultó todo un éxito. Con ella, se puede dar por concluida la producción literaria de reconocimiento del escritor. 
Ruta de documentación para El hereje (imagen recuperada del documental
''La X de Max''

Esta producción literaria se inicia en 1948 con La sombra del ciprés es alargada, de fuerte carácter existencial y que le mereció el Premio Nadal. Pese a ello, Delibes no estaba orgulloso de ella.
Lo cierto es que Delibes, como buen ''notario de su tiempo'' (según lo definen algunos de sus hijos), participó plenamente con su escritura del fluir literario en España: cultivó la novela social, con El camino (1950), la estructural, con Cinco horas con Mario (1966), y la heterogeneidad de finales de siglo con El hereje (1998). 
La obra Tiempo de silencio (1962) de Martín Santos es clave para entender la evolución estilistica de Delibes, ya, tomándolas de ella,  potencia en sus obras posteriores (Cinco horas) técnicas narrativas como el monólogo interior y el perspectivismo. Es un cambio que caracteriza a la década de los sesenta, en la que se abandona la novela social, de estilo realista, y se da paso al experimentalismo, con gran influencia, por supuesto, de las creaciones hispanoamericanas y estadounidenses. 
En esta década, en que Delibes escribe Cinco horas con Mario, la fuerte presencia del recuerdo como motivo creador es otro elemento a considerar. Los escritores están ensimismados en su melancolía y, por ello, proyectan un mayor intimismo en sus textos. Es una constante búsqueda de sí mismos, sobre la que Gonzalo Sobejano aporta unas palabras que, a mi juicio, resultan fundamentales: ''la persona permanece dentro de su conciencia, y solo se proyecta hacia fuera para intentar descifrar el contexto que acaso pudiera explicar su identidad’’, y esto sucede así porque ‘‘la persona se siente confusa, incompleta, en peligro de extravío o de anulación’’ (2003: 105). Con estos comentarios de Sobejano, muy precisos y claros, se comprende mucho mejor la creación poética no solo de Delibes sino del resto de sus coetáneos en la década de los 60. 
Los Santos Inocentes (Trailer español) - YouTube
Los santos inocentes, de Mario Camus (1984)
También, y con esto finalizo, hay que tener en consideración este apunte: ''Delibes siempre tuvo presente que la novela debe contar una historia y debe lograr por todos los medios la complicidad del lector. (2003: 164). Ello justifica, no solo el cambio estilístico, reenganchado a la vanguardia, sino el éxito artístico de sus obras, que trascienden lo puramente narrativo para colarse, con brillantez, en otros formatos, como el teatral o el cinematográfico. Varias de las obras de Delibes gozan de una versión cinematográfica, aunque la más conocida, en mi opinión, es Los santos inocentes (escrita en 1981, y llevada al cine en 1984 por Mario Camus), con interpretaciones inolvidables como las de Paco Rabal o Alfredo Landa. 



*Considerando suficiente la definición de la figura de Miguel Delibes, las próximas entradas versarán ya sobre la obra Cinco horas con Mario.
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Sobejano, Gonzalo, ''El lugar de Miguel Delibes en la narrativa de su tiempo'' en Siglo XXI, literatura y cultura españolas: revista de la Cátedra Miguel Delibes, Nº. 1, 2003, 175-188

Sobejano, Gonzalo, ''Narrativa española 1950: 2000: la novela, los géneros y las generaciones'', en Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, Nº 693, 2003, 99-112


viernes, 10 de abril de 2020

Delibes: un ecologista en acción (literaria)

Greenpeace dejó pasar una gran oportunidad para elevar su discurso al no reclutar a Miguel Delibes para sus filas. Del mismo modo, la misteriosa y carismática Greta Thunberg podría aprender muchas cosas si leyese a nuestro escritor, porque el papel que juega en su obra la naturaleza y su respeto y conservación es verdaderamente digno de considerar, más aún, si cabe, si tenemos en cuenta el período en que escribió sus reivindicaciones. 

La sombra del asno: Ilustración: Viaje por la Castilla de Miguel ...Delibes se definía a sí mismo como ''un hombre anclado en el idioma rural'', y no es para menos. Uno de los primeros rasgos que llaman la atención al lector de Delibes es, posiblemente, la riquísima variedad léxica de la que hace gala y que complica, a partes iguales, la lectura. Sin embargo, como él defendía, sus obras no son complejas de leer, no tienen un vocabulario intrincado y extraño, sino que somos nosotros, como lectores, los que hemos abandonado sus palabras. El léxico de Delibes es predominantemente rural, con referencias a instrumentos agrícolas, elementos de la naturaleza y modos del campo que, a ojos del lector moderno, se han quedado totalmente obsoletos. El método poético, por así llamarlo, del escritor consistía en visitar los pueblos castellanos, hablar con sus gentes, sus campesinos, y anotar, de su habla, las palabras y expresiones que le resultasen más llamativas e interesantes. Era su modo particular de permanecer en la tierra, frente a las embestidas del progreso motorizado y urbanita. Su gran afición por la caza le proporcionaba, también, un importante contacto con el ambiente natural y su idioma.
Hay una anécdota que a mí me resultó, cuando la conocí, muy esclarecedora en este sentido sobre su compromiso con el campo, que era, fundamentalmente, lingüístico. Nuestro escritor se afanó por presentar a la RAE listados diarios con más de veinte términos precisos sobre instrumentos de pesca, aves y animalillos del campo, herramientas ganaderas... pero la Academia las rechazó, porque era un número excesivo de palabras como para incluirlas en el Diccionario de una forma tan drástica, sin análisis previo, más allá de la fiabilidad que pudiese suscitar Delibes. Ante la negativa, el vallisoletano se debió de coger un enfado... Como ya adelantaba en las entradas anteriores: cabezón, cabezón. Aunque no lo pudo disfrutar, porque falleció tres años antes, uno de los estudiosos más consolidados en la obra delibesana, Jorge Urdiales, compuso en 2013 el Diccionario del castellano rural de Miguel Delibes, donde se relaciona cada término con su significado preciso y con su uso en la obra del escritor. Un verdadero homenaje a su labor y a su implicación con el campo.
El amoroso trato que Delibes destinaba a las palabras hace de sus obras verdaderos testimonios realistas de la vida en el campo castellano. Darío Villanueva, a este respecto, comenta que ''Los protagonistas de sus novelas son auténticos por sus pasiones, pero también por sus palabras'' (2003: 168). 
Delibes y la naturaleza | Fundación Miguel DelibesSu discurso de ingreso en la RAE, en 1976, es el texto de mayor reivindicación del entorno natural, y en él expone con una gran elegancia su crítica colectiva y pública. No gustó a gran parte de los académicos el tono de denuncia y crispación que se desprendían del discurso, pero Delibes, una vez más, no calló. El discurso se llama S.O.S El sentido del progreso en mi obra. He seleccionado dos fragmentos que, a mi modo de ver, son bastante significativos:

‘‘Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble’’ (1976: 76)

 ''¿Cuántos son los vocablos relacionados con la Naturaleza, que, ahora mismo, ya han caído en desuso y que, dentro de muy pocos años, no significarán nada para nadie y se transformarán en puras palabras enterradas en los diccionarios e ininteligibles para el Homo tecnologicus?'' (1976: 77)

La idea lingüística que trasciende es clara: las palabras reflejan las prioridades del hablante, por lo que el desuso (y desconocimiento) del léxico relacionado con la naturaleza demuestra que el campo ya no es, pues, una prioridad. El campo como resto fósil en el uso lingüístico. 
Por último, os expongo otro fragmento, esta vez perteneciente a un texto diferente, que revela la reflexión sobre el lenguaje que realizaba Delibes sobre el campo. El campesino, como el marinero, trata con más cariño a su entorno:

''El campesino suele emplear voces femeninas, más tiernas y maternales, para designar árboles y pájaros que en los diccionarios y en el vocabulario capitalino son resueltamente masculinos: torda por tordo, nogala por nogal, rendaja por arrendajo, olma por olmo, etc.'' (1995: 108)



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Delibes, Miguel: ''Humanización de los animales'', en Castilla, lo castellano y los castellanos. Madrid, Espasa Calpe, 1995, 108.

Delibes, Miguel, ''S.O.S. El sentido del progreso en mi obra'', Barcelona, Destino, 1976, 76-77

''Ve la luz el Diccionario inédito del castellano rural de Miguel Delibes'' recuperado en 
https://www.abc.es/cultura/libros/20130110/abci-diccionario-inedito-castellano-rural-201301091713.html el 09/04/2020

Villanueva, Darío, ''Seis claves para Delibes'' en Siglo XXI: Literatura y Cultura españolas: revista de la Cátedra Miguel Delibes, Nº1, 2003, 149-173

''En este espacio donde se inventa la infinitud de los amarillos...''

Esta vez, la frase que da título a la entrada pertenece a un hermoso poema dedicado a Castilla que escribió Antonio Colinas y que preside el vestíbulo del Centro e-LEA Miguel Delibes, en Urueña, uno de los muchos centros culturales que llevan orgullosamente el nombre del escritor. Urueña, por cierto, es una de las denominadas ''Villas del libro'' de Europa, es un pueblecito castellano diminuto pero que cuenta con más de diez librerías. Os recomiendo enormemente su visita; allí, además, se encuentra el Museo de la Música, donde se recoge todo el folclore castellano. ¡Una joya de lugar!
He elegido este verso porque es en este espacio amarillo donde Delibes fija su existencia literaria y personal, su compromiso social y político. Es, como señala Darío Villanueva en su análisis, una de las claves para comprender la obra del escritor vallisoletano.
Desde una de las almenas de la muralla de Urueña

El documental ''Esta es mi tierra'', que os relacioné en la entrada anterior, centra este tema de una forma que, si bien un poco densa, transmite la resignación y la impotencia con que Delibes percibía el abandono económico y demográfico de Castilla. Parafraseando una famosa cita de Ortega, Delibes dice: ''Castilla, pobladora de mundos, apenas tiene para poblarse a sí misma''. En efecto, las alusiones al pasado glorioso de Castilla, a sus ferias, que la hicieron prosperar, y a la expansión de su lengua, quedan superadas con una particular nostalgia histórica ante un presente decadente y de espacios tan vacíos como los de Siberia. Pero Delibes no se calla: culpa directamente al gobierno y a sus políticas que en nada favorecen la subsistencia de los agricultores castellanos, cansados ya de mirar al cielo e implorar a Dios por gozar de algo de agua. La España vaciada lleva sangrando gente y respeto desde hace más tiempo de lo que pensamos... El escritor dice, en una síntesis muy potente, que el gobierno está destruyendo Castilla porque se ha empeñado en ''subir el precio de la azada y no el de la patata''. Esta situación de abandono la refleja nuestro autor en muchas de sus obras, aunque toma especial presencia en Las ratas (1962), donde la vida castellana queda expuesta como una verdadera lucha por la supervivencia (económica pero también moral). La elección de un personaje infantil, como sucede en esta novela, no es  casual ni aislada: Delibes inicia la novela presentando a una figura inocente para revelar, mediante la oposición, las miserias del entorno con mayor nitidez (sucede lo mismo en El camino y en El hereje, por ejemplo). La visión infantil resulta muy eficaz y fructífera cuando se pretende realizar un texto de denuncia. 
Rutas sobre Miguel Delibes | Fundación Miguel Delibes


Miguel Delibes, por tanto, no se puede entender sin Castilla. Es uno de esos autores que hacen fácil enunciar este tipo de afirmaciones tan poéticas, que resultarían, en cambio, muy osadas si dichas sobre otros. Además, lugares como Urueña, pero también Valladolid, con su Centro Cultural Miguel Delibes (al estilo de nuestro Riojaforum) o la atractiva Ruta de Delibes, fomentada por la Junta de Castilla y León, hacen pensar cada vez más que Castilla, o una parte de ella, tampoco se entendería sin el escritor. La Ruta de Delibes es especialmente entrañable: en cada uno de los pueblos mencionados por el autor en alguno de sus libros se ha colocado una enorme D en la que se puede leer uno de los fragmentos del libro en cuestión. Yo la descubrí, por primera vez, en Tordesillas, hace unos meses. 


Son tantos los que, como Delibes, se han sentido atraídos por el páramo amarillo de Castilla, como Unamuno, Machado o Baroja, que, siempre que dejo a un lado sus trigales con el coche, me pregunto qué tendrán estos campos que tanto embelesan y prometen, sin tener nada con que embelesar y prometer. Es su mar de cereal, posiblemente, el mar de agua salada que no podemos gozar los del interior, y, por ello, nos contentamos; tanto nos hemos contentado, que hemos llegado a creer que lo preferimos. 


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Os dejo el enlace a la página web del Centro e-LEA por si quisierais echarle un vistazo... De verdad, pienso que es una visita muy recomendada para quienes, como nosotros, sentimos la mística de las letras. En el enlace encontraréis también el poema a Castilla de Colinas; no lo copio aquí porque la entrada resultaría demasiado extensa: http://www.xn--uruea-rta.es/e-lea-miguel-delibes/

Villanueva, Darío, ''Seis claves para Delibes'' en Siglo XXI: Literatura y Cultura españolas: revista de la Cátedra Miguel Delibes, Nº1, 2003, 149-173



Conclusiones sobre Miguel Hernández

Y con el teatro de Miguel Hernández doy por concluido este viaje a través de su vida y gran parte de su obra. Personalmente, no sabía much...