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viernes, 24 de abril de 2020

CONCLUSIONES



Nos encontramos ya ante la última entrada sobre Antonio Buero Vallejo, la cual está dedicada a exponer mis conclusiones acerca de este dramaturgo. Hay diversas razones por las que decidí adentrarme en su estudio. Es un autor al que tuve la oportunidad de conocer por primera vez en el instituto. En esa época de mi vida, a pesar de que todavía era demasiado joven y no tenía claro que la literatura me fuese a suscitar tanto interés como me genera en la actualidad, ya me llamó la atención. Asimismo, al comienzo de este curso, después de leer una serie de capítulos sobre él en el manual de Lina Rodríguez Cacho y ver que Buero Vallejo tenía cabida en esta asignatura, desde el comienzo no dudé en trabajar sobre él, pues siempre había querido conocerle más en profundidad. 

Tras haber leído una gran cantidad de información sobre este autor, me vi obligado a realizar una selección con el fin de mostraros una parte de su magnífica contribución a la historia de la literatura de nuestro país, especialmente al género teatral, pues es en este ámbito donde más ha destacado, tal y como habéis podido comprobar. Esta es otra de las razones por las que elegí a Buero, ya que a mí el teatro es el género literario que más me gusta.

Antonio Buero Vallejo: Hacer dramaturgia con la historia | Madrid ...

   Asimismo, considero que es el momento de recapitular de forma breve qué es lo que he realizado en este blog. De este modo, en mi primera entrada contextualicé al autor, mostrando una serie de rasgos relevantes sobre su biografía y reflejando la situación existente en España en el momento en el que Buero Vallejo decidió dedicarse a la literatura. En la segunda y en la cuarta entrada he analizado dos de sus obras, concretamente Hoy es fiesta (1955) y El sueño de la razón (1970). La elección no fue sencilla, pues ha escrito numerosas piezas teatrales de gran maestría y brillantez. Finalmente, me decanté por escoger esos dos grandes hitos de su dramaturgia. Concretamente, en el caso de El sueño de la razón, decidí dedicar un espacio de mi blog al análisis de esta obra para tener la oportunidad de explicar su conocido “efecto de inmersión”. No concebía hacer un blog sobre Buero Vallejo sin tratar este mecanismo teatral creado por él mismo. Por último, en la tercera de las entradas he expuesto la famosa polémica posibilismo-imposibilismo entre nuestro dramaturgo y Alfonso Sastre. Fue una polémica teatral de gran repercusión en aquella época y no podía dejar de mencionarla.

En definitiva, se trata de un autor que siempre quedará para la posteridad dada su enorme trascendencia. Fue el número uno en el teatro español durante más de treinta años. La suma de todos los ingredientes que he expuesto en mi blog convierte a Buero en un dramaturgo excepcional y en uno de los autores fundamentales que ha tenido nuestro país.

Por último, os dejo dos entrevistas muy interesantes a Antonio Buero Vallejo. Si tenéis interés en este autor os recomiendo su visualización para que le conozcáis más.


Espero haber despertado vuestra curiosidad sobre este fantástico dramaturgo y que hayáis disfrutado tanto como yo lo he hecho con la realización de este blog. Os animo encarecidamente a que en un futuro cercano os aproximéis al estudio de Buero Vallejo.


"EL SUEÑO DE LA RAZÓN"


Francisco de Goya. BiografíaEn concordancia con las palabras de Buero Vallejo (XXII: 1994), esta obra desarrolló con amplitud una de las mayores aportaciones buerianas al teatro, que representa el hallazgo de la más intensa participación posible del público en los conflictos de los personajes. El sordo y viejo pintor Goya, semialucinado por el miedo al final de su vida en España, nos transmite un rico universo interior. Asimismo, con esta obra, “aprovechando la sordera de Goya, propone un audaz punto de vista situando la acción desde el protagonista, mediante sorprendentes efectos técnicos (escenas donde solo se oye su voz y los ruidos que la sordera produce en su cerebro, el resto de personajes actúa, pero no se les oye) complementándolos por la insistencia de formas pictóricas (proyecciones de sus frescos y lienzos que martillean sus retinas, y las de los espectadores) […][2]” (Oliva, 1989: 252-253).

En esta antepenúltima entrada, voy a analizar El sueño de la razón (1970) de Antonio Buero Vallejo. A modo de introducción, es importante señalar que, tal y como afirma De Paco (1984: 359), se trata de una “fantasía en dos partes escrita en 1969 y estrenada en el Teatro Reina Victoria de Madrid el 6 de febrero de 1970”[1]. El sueño de la razón es la obra de Buero Vallejo sobre el pintor español Francisco de Goya.

BUERO VALLEJO Y GOYA: EL SUEÑO DE LA RAZÓN | Biblioteca Lázaro ...Por orden de aparición en el drama[3] los más importantes son don Francisco Tadeo Calomarde, el rey Fernando VII, don Francisco de Goya, doña Leocadia Zorrilla de Weiss, don Eugenio Arrieta, doña Gumersinda Goicoechea y don José Duaso y Latre. Tal y como afirma Rodríguez Cacho (2009: 482), esta obra “resucitó la España de 1823 para enmarcar un espléndido drama basado en las pinturas negras de Goya, haciendo notar su gran formación en la historia del arte y su sensibilidad como pintor”[4]. En cuanto al espacio y al tiempo, se ambienta en Madrid en diciembre de 1823. En relación con el título, me gustaría mencionar que “«El sueño de la razón produce monstruos» fue sentencia formulada por el propio Goya y es la mejor prueba de que su razón no se dejó devorar por la pesadilla […]” (1994: 533-534)[5]. 

A continuación, voy a exponer brevemente el argumento. La obra comienza con un diálogo entre el rey absolutista Fernando VII[6] y el caballero Calomarde. Este le da una carta interceptada, escrita por Goya, en la que injuriaba al rey. Desde que llegó a Madrid, Goya no le ha rendido pleitesía. El pintor reside en su quinta junto a Leocadia. Esta mujer dialoga con el médico Arrieta. Leocadia está muy preocupada, porque piensa que Goya está trastornado, pues escucha voces y entabla incongruentes conversaciones con ellas[7]. Quiere que este huya a Francia, como han hecho muchos de sus amigos, porque en su hogar corre peligro de muerte. Leocadia expone la situación en la que se encuentran, ya que comunica a Arrieta lo siguiente sobre Goya: “[…] La verdad es que todos saben que él pertenece al bando vencido y que el rey lo odia […]. Todos huyen de la tormenta que estallará un día sobre la casa” (p. 1275).

El Luzzy volvió a época de Goya con "El sueño de la razón ...

Goya se muestra firme en su decisión de permanecer en España y de celebrar las navidades en su casa como siempre. Además, no esconde su enemistad con Fernando VII como se puede observar en las siguientes palabras: “[…] El rey es un monstruo, y sus consejeros unos chacales a quienes azuza, no solo para que maten, sino para que roben. ¡Amparados, eso sí, por la ley y por las bendiciones de nuestros prelados! […]” (p. 1292)[8].

Otro personaje relevante es el sacerdote Duaso, capellán del rey Fernando VII y encargado de la censura de publicaciones. Unos individuos pintan en la puerta de la casa de Goya una cruz y le escriben la palabra hereje. Además, tratan de agredirle lanzándole piedras[9]. Goya no está dispuesto a volver por Palacio. El pintor piensa que Fernando VII le quería matar, pero realmente no son esas sus intenciones, pues se lo dijo en broma. Sin embargo, el rey quiere que se disculpe ante él, porque, como este afirma: “ha sido un constitucional, un impío, un adversario de mis derechos absolutos, y debe rogar mi perdón sin que yo dé el primer paso” (p. 1307).

El sordo pintor poco a poco va mostrando su interior. Es consciente de que no es la misma persona que antes[10]. Goya es golpeado fuertemente en su propia casa por los Voluntarios Realistas. Después de la paliza que recibe, cambia de opinión y ya decide irse de su hogar y entregarse al rey. Finalmente, Goya y Leocadia separarán sus caminos, ya que el pintor se irá a casa de Duaso y Leocadia a la de Tiburcio Pérez con sus hijos. La obra termina mostrando sobre el escenario “la agigantada pintura del Aquelarre” (p. 1336), pintura sobre la que los personajes hacen numerosos comentarios a lo largo de toda la obra.


Me gustaría comentar que en esta pieza teatral hay una gran cantidad de acotaciones, donde se proporciona numerosa información. En alguna ocasión, incluso más que en los propios diálogos de los personajes, ya que al ser Goya sordo se comunican con él mediante gestos y signos. Desde mi punto de vista, el ritmo al leerla es poco ágil. Recomiendo su lectura, ya que es una obra maestra, pero, sobre todo, su visualización para poder comprender mejor el drama y disfrutarlo más todavía.

En relación con el párrafo precedente, como afirma Buero Vallejo (XXII: 1994), es importante tener en cuenta que “[…] cuando él (Goya) pisa las tablas nos volvemos igual de sordos que él mismo, y quienes le rodean gesticulan y semejan títeres de un guiñol mudo, pues no los oímos, porque estamos obligados a ser Goya. La propia estructura del drama nos exige así convivir con él su inquietud, su fantasía de pintor casi enloquecido, su terror ante las fantasías que brotan de su subconsciente”. En estrecha conexión con la idea anterior, se debe mencionar el mecanismo teatral creado por Buero Vallejo, presente en esta obra. De acuerdo con De Paco (2001: 52), nos referimos al denominado por Ricardo Doménech como “efecto de inmersión”, por medio del cual el espectador se ve obligado a introducirse en la perspectiva de algún personaje[11]. Este efecto sirve para lograr la participación del espectador que debe equilibrarse armónicamente con el distanciamiento[12].

En definitiva, “es la última de entre medio docena de obras teatrales de Antonio Buero Vallejo de índole histórico-legendaria y la segunda cuyo protagonista es un gran pintor español […]” (De Paco, 2003: 155). Se trata de una obra cumbre de Buero en la que se intensifica todo su teatro. Destaca tanto la forma como lo que plantea. Es una obra muy poliédrica. Ofrece muchas posibilidades a un director escénico.  

BIBLIOGRAFÍA

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 450-452 y 533-534.

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid.

DE PACO, MARIANO (1984): Estudios sobre Buero Vallejo, Los trabajos de la Cátedra de Teatro, Universidad de Murcia.

DE PACO, MARIANO (2001): “Antonio Buero Vallejo en el teatro del siglo XX”, en Monteagudo, nº 6, Universidad de Murcia, pp. 49-52.

DE PACO, MARIANO (2003): Estudios sobre Buero Vallejo, Biblioteca Virtual Universal.


OLIVA, CÉSAR (1989): Historia de la literatura española actual. El teatro desde 1936, Alhambra, Madrid.

OLIVA, CÉSAR (2002): Teatro español del siglo XX, Síntesis, Madrid.

RODRÍGUEZ CACHO, LINA (2009): Manual de Historia de la Literatura española, Castalia, Madrid.

URRUTIA, MARÍA EUGENIA (2011): “El sueño de la razón”, en AGORA-Trujillo, nº 27, pp. 145-157.



[1] La obra fue dirigida por José Ozuna. El sueño de la razón obtuvo diversos premios como El Espectador y la Crítica y Leopoldo Cano.
[2] Se presentan sobre el escenario una gran cantidad de pinturas de Goya. Por ejemplo, El Santo Oficio, Dos frailes, La romería de San Isidro, Saturno, Las fisgonas, La lectura, Las Parcas o La Leocadia. 
[3] Es importante insistir en esta idea, tal y como expone el propio Buero Vallejo (1994: 451): “[…] esta obra […] es un drama, no un  estudio histórico. Algo de lo que le ocurre a Goya no consta en la historia y proviene de la invención […] a que todo autor de teatro tiene derecho […]”.
[4] No olvidemos que Buero Vallejo estuvo muy vinculado a la pintura.
[5] Esta oración es mencionada por el doctor Arrieta en la propia obra: BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994), Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, p. 1324.
[6] Es importante señalar que “[…] el autor intenta retomar la memoria histórica de España, centrándose en el reinado de Fernando VII, período llamado «la década ominosa» [...]” (Urrutia, 2011: 145).
[7] Leocadia le expone a Arrieta la situación en la que se encuentra Goya, puesto que afirma: “[…] Conmigo apenas habla, pero habla con alguien… que no existe. O ríe sin motivo, o se desata en improperios contra seres invisibles” (p. 1273). Siempre que refleje únicamente la página entre paréntesis es porque se trata de una cita literaria procedente de la siguiente obra: BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, pp. 1263-1336.
[8] En este sentido, como afirma Rodríguez Cacho (2009: 482), la obra “[…] tiene la capacidad de erigirse […] en emblema de la libertad del artista frente a las imposiciones de la dictadura, representada en su antagonista, Fernando VII […]”.
[9] Estos amenazan e insultan a Goya: “¡Hereje! … ¡Masón!... ¡Te colgaremos a ti y a esa zorra! ¡Negro! … ¡Te enseñaremos lo que es España, renegado, gabacho, comecuras!... […]” (p. 1304).
[10] Un buen ejemplo de ello son las siguientes palabras que le dirige a Arrieta: “[…] Yo amaba la vida. Las merendolas en la pradera, los juegos, las canciones, las músicas… Llegó la sordera y comprendí que la vida es muerte… […]” (p. 1316).
[11] Se puede encontrar también una explicación del “efecto de inmersión” en: OLIVA, CÉSAR (2002): Teatro español del siglo XX, Síntesis, Madrid, p. 186.
[12] En La ardiente oscuridad (1950) y en La fundación (1974) también se emplea este “efecto de inmersión”.

jueves, 16 de abril de 2020

POLÉMICA TEATRAL POSIBILISMO-IMPOSIBILISMO



Hasta el momento lo que he realizado en este blog ha sido contextualizar a este dramaturgo y analizar una de sus obras teatrales, concretamente Hoy es fiesta (1955). En esta tercera entrada voy a abordar un aspecto de gran repercusión en aquella época como fue la polémica posibilismo-imposibilismo[1]. Esta polémica del posibilismo teatral tuvo lugar en el año 1960 en las páginas de la revista denominada Primer acto, en concreto en un artículo titulado “Teatro imposible y pacto social”. En ella, Sastre se dirigió tanto a Buero Vallejo como a Alfonso Paso[2]. Desde que Sastre hablara de “pacto”, Buero Vallejo afirmaba “yo no he pactado con nadie…”, al igual que asegura Goya a Leocadia al inicio de la parte segunda de El sueño de la razón (De Paco, 2013: 2)[3]. Ante la gravedad de la crítica de Sastre dirigiéndose a Buero personalmente, este se ve obligado a responder públicamente en la prensa con disgusto, pues considera que estos enfrentamientos son perjudiciales para la labor de ambos.

De acuerdo con Lina Rodríguez Cacho (2009: 485), “Sastre acusaba a Buero de haber renunciado a un compromiso claro con la lucha social […] y de hacer concesiones en favor del aplauso. La polémica implicó también a Alfonso Paso (Madrid, 1936-1975), que se convirtió en el más prolífico dramaturgo de estas décadas […]”. Sin embargo, debemos tener presente, de acuerdo con De Paco (2013: 2), que Buero Vallejo “desde sus primeros textos teóricos, señala la obligación que tiene el creador de buscar modos de expresarse en una sociedad constreñida por condicionamientos censoriales […]”.

Biografia de Alfonso Sastre
Sastre defiende que en ese momento el autor teatral tiene que ser imposibilista, considera que un autor que escribe en un régimen de dictadura no puede escribir pensando en la censura. De algún modo, se está enfrentando a Buero Vallejo, ya que poco antes había defendido que el autor necesitaba tener una postura posibilista, porque de nada sirve escribir grandes obras de teatro muy críticas si no se dan a conocer al público y permanecen guardadas en un cajón. Por ello, Buero defendía que el teatro se debía hacer de una forma crítica, pero de tal manera que superase la censura para así poder llegar a los espectadores y que, consecuentemente, resultara efectivo. En definitiva, tal y como afirma Muñoz Cáliz (172: 2004), estos autores defendieron distintas opciones teóricas en torno a la actitud que debían adoptar los creadores ante la existencia de la censura, la cual fue mucho más allá de los tres artículos en los que esta se materializó, llegando a repercutir incluso en el futuro del teatro español.  

Esta polémica entre ambos tuvo lugar a propósito de si el teatro debía luchar abiertamente contra las estructuras sociales o hacerlo, por el contrario, desde el interior del propio sistema, aceptando las cortapisas de la censura. Esta última postura fue denominada como “posibilismo escénico” y al ser adoptada por Buero Vallejo dio lugar a que sus compañeros más radicales le tacharan despectivamente de ‘posibilista’, entre ellos directamente Sastre, autor que consideraba que el dramaturgo debía ser siempre arriesgado, debido a que no había un teatro imposible, sino “momentáneamente imposibilitado” (Rodríguez Cacho, 2009: 485). Con la última expresión se refiere a que determinadas piezas teatrales podían ser imposibitadas por factores externos (censura)[4] a la propia elaboración teatral. En relación con esta idea, para ser más precisos, de acuerdo con Buero Vallejo (1994: 672), Antonio Sastre afirmaba lo siguiente: “todo teatro debe ser considerado posible hasta que sea imposibilitado; y toda imposibilitación debe ser acogida como una sorpresa”.

Asimismo, Sastre consideraba que la postura de Buero era la siguiente: hacer un teatro posible en España, aunque para ello sea preciso realizar ciertos sacrificios que se derivan de la necesidad de acomodarse de algún modo a la estructura de las dificultades que se oponen a nuestro trabajo. Buero se defendió afirmando que cuando critica el “imposibilismo” y recomienda la posibilitación, no está predicando acomodaciones, sino que propugna la necesidad de un teatro difícil y resuelto a expresarse con la mayor holgura, pero que no debe solamente escribirse, sino que también debe estrenarse. Por tanto, defiende un teatro “en situación”; lo más arriesgado posible, pero no temerario[5]. Recomienda hacer “posible” un teatro imposible. En definitiva, llama imposibilismo a aquella actitud que se sitúa, mecánica y antidialécticamente, “fuera de la situación”: la actitud que busca hacer todavía más imposible a un teatro “imposible” con temerarias elecciones de tema o expresión, con declaraciones provocadoras o reclamos inquietantes y abundantes[6]. 

Por último, me gustaría señalar que Buero, en alguna ocasión, ha achacado a Sastre caer en incongruencias al defender su postura imposibilista. Por ejemplo, afirma que cuando dijo que su obra teatral La mordaza[7] era un cripto-drama, algo que no tenía la intención de hacer, pero que, en realidad, estaba haciendo, este incurría en posibilismo. Dicho de otro modo, Buero toma esa declaración de Sastre como un ejemplo de contradicción, muy poco o nada dialéctica[8], que se crea entre lo que dice y lo que hace (Buero Vallejo, 1994: 677).

BIBLIOGRAFÍA

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 668-680.

DE PACO, MARIANO (2013): “Buero Vallejo y Alfonso Sastre en la sociedad democrática”, en Revista de Investigación Teatral, Nº 3.


MUÑOZ CÁLIZ, BERTA (2004): “A vueltas con el posibilismo teatral”, en Teatro: revista de estudios teatrales, Nº 20, págs. 171-198.

RODRÍGUEZ CACHO, LINA (2009): Manual de Historia de la Literatura española, Castalia, Madrid.





[1] Ya he hecho referencia a esta polémica teatral en mi primera entrada, pero ahora la voy a tratar en una mayor profundidad.
[2] Por tanto, Alfonso Sastre es el iniciador de esta polémica.
[3] La cuarta de mis entradas irá destinada a analizar específicamente esta obra teatral.
[4] A la que Sastre llamaba “aparato de control”, denominación que también fue criticada por Buero.
[5] No poner por escrito en tu obra teatral todos tus pensamientos, como afirmaba Sastre, si eres consciente de que la censura no te va a dejar publicar la obra. Buero consideraba que mostrar tu postura de forma completa y sincera no servía de nada si esa obra no se daba a conocer.
[6] La información de este párrafo ha sido extraída de: BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 673-674.
[7] En esta obra destaca el mensaje de la libertad y de lo difícil que era vivir amordazados, pero esa idea quedó sumergida en la trama policíaco-rural. En otras palabras, como explica Lina Rodríguez Cacho (2009: 484), “La mordaza […] pudo estrenarse en 1954 gracias a la miopía de los censores”.
[8] Sastre consideraba que “[…] el progreso no se consigue por acomodación, sino dialécticamente, por contradicción, por oposición de los contrarios” (Buero Vallejo, 1994: 672).

"HOY ES FIESTA"

Una vez que ya conocemos a Antonio Buero Vallejo y le hemos situado en el contexto adecuado, me voy a centrar en esta segunda entrada en analizar una de sus obras teatrales titulada Hoy es fiesta (1955). A modo de introducción, me gustaría mencionar las siguientes palabras que el propio Buero Vallejo pronunció a propósito de esta pieza: “aunque es mi obra más premiada[1] no la considero entre las mejores mías; pertenece a una etapa de realismo costumbrista que creo haber dejado atrás y que, como fórmula dramática, no recomendaría a ningún joven autor. […] Los ingredientes que todavía me la hacen considerar como estimable son seguramente aquellos que de manera sutil la apartan del simple realismo directo” (Buero Vallejo: 1994: 449).

   En primer lugar, es importante señalar que se trata de una tragicomedia escrita en tres actos. Asimismo, tal y como afirma De Paco (1984: 335), esta obra fue escrita en 1954-1955 y se estrenó en el Teatro María Guerrero de Madrid el 20 de septiembre de 1956[2]. Encontramos quince personajes. Por orden de aparición son Nati, doña Nieves, Remedios, Sabas, Paco, Tomasa, Manola, Fidel, Daniela, la vecina guapa, doña Balbina, Silverio, Cristóbal, Elías y Pilar. Estoy completamente de acuerdo con De Paco (2003: 21), quien afirma que encontramos personajes totalmente paralizados por su situación social, cuya visión del mundo y modo de vivir están estrictamente condicionados por su pésimo nivel económico. La escenografía de la obra y la cotidianidad y problemática del asunto tratado me ha recordado a Historia de una escalera (1949).

Contacto
A continuación, voy a mostrar el resumen de la obra[3]. La portera Nati sale una mañana a tender ropa a la azotea del edificio en el que trabaja. Mediante un acto de autoritarismo, no permite a los vecinos acceder a aquella azotea, a pesar de ser un espacio comunitario en el que todos tienen el mismo derecho a estar. Debido a que Nati se deja la puerta abierta, poco a poco los vecinos van invadiendo la azotea y, en señal de protesta, permanecen en ella todo el día. Ante la insistencia de Nati para que los allí presentes abandonen este lugar, Sabas, un hombre agresivo y prepotente, rompe de un puñetazo la cerradura. Así, la portera queda humillada y todos los vecinos se ríen de ella.

Cada uno se dedica a sus labores. Por ejemplo, Fidel, el hermano de Sabas, está preparándose unas oposiciones. Además, mantiene una intensa lucha interior, ya que no sabe hacia quién dirigir sus pretensiones amorosas (Tere o Daniela). Asimismo, destaca la pareja formada por Silverio y Pilar. Su hija falleció por una negligencia[4] de Silverio[5]. Pilar es una mujer sorda, cuya salud es muy débil, tal y como afirma su marido en una conversación con su amigo Elías: “[…] Aun es joven, pero no tiene solución, porque está vieja por dentro. Se le han envejecido las arterias… desde la muerte de la niña. Siempre fue delicada, pero aquello acabó con su salud. Y se va a morir” (p. 571)[6].

Todos los vecinos han comprado participaciones a doña Balbina para el sorteo de la lotería que se celebra esa misma tarde. Tienen la esperanza de ser los agraciados y con ese dinero poder salir de su pobreza. Su optimismo aumenta con las predicciones de las cartas de la pitonisa doña Nieves. Poco después, observan en el periódico que poseen el número premiado, lo que provoca una enorme alegría, pero esta será pasajera. La hija de doña Balbina, Daniela, les informa de que sus participaciones son falsas. Los boletos pertenecen a otro sorteo, por lo que, en realidad, no han ganado nada. Esta muchacha no aguanta más las continuas mentiras de su madre, tal y como ella misma afirma: “[…] ¡Yo quisiera vivir una vida clara y sin tapujos, aunque fuese en la pobreza! […]” (p. 583)[7]. Los vecinos, al sentirse estafados, insultan a doña Balbina y amenazan con denunciarla. Silverio trata de poner orden y calmar las iras de sus vecinas. La trifulca es capitaneada por Sabas, que muestra, de nuevo, su naturaleza violenta, dirigiéndose a pegar a doña Balbina. Sin embargo, Silverio le frena, golpeándole en la nuca con una manivela que había construido ese mismo día. Este hombre, no solo salva la vida de esa señora, sino también de su hija, quien después de recibir la reprimenda de su madre por humillarla[8] y delatarla ante el resto de vecinos, trata de suicidarse. Es un personaje volcado hacia los demás. Finalmente, Pilar, debido a un fuerte golpe que ha recibido en la cabeza en esa pelea, exhala el último suspiro.

Teatro.-Hoy es Fiesta.-Obra Completa.1970 - YouTube
De este modo, todos los inquilinos van mostrando sus sueños, sus recuerdos, sus problemas y sus fracasos en esta azotea de un humilde barrio de la ciudad madrileña. Se transmite la sensación de ser personas que no pueden modificar su cruel destino. Son muy ejemplificadoras, en este sentido, las siguientes palabras de Tomasa: “Y así toda la vida. Corriendo como perros tras las cosas sin conseguirlas nunca… Nunca” (p. 612). No obstante, la obra, a pesar de las desgracias acontecidas, deja abierta la puerta a la esperanza, ya que finaliza con este mensaje: “hay que esperar… Esperar siempre… La esperanza nunca termina… La esperanza es infinita” (p. 619). En este sentido, de acuerdo con Buero Vallejo (1994: 412), esta obra es “[…] una tragedia acerca de la esperanza o, dicho de otro modo, procura esbozar el carácter trágico de la esperanza […]”.

Por lo que se refiere al tiempo, los hechos que suceden abarcan un solo día indeterminado de fiesta[9]. Asimismo, cada uno de los actos se corresponde con un momento concreto del día, ya que el primer acto tiene lugar por la mañana, el segundo por la tarde y el tercero al anochecer. Las acotaciones adquieren una gran importancia en la lectura de la obra, pues son muy extensas, precisas y detalladas.

En lo concerniente al estilo, se emplea un lenguaje coloquial y cotidiano propio del contexto comunicativo en el que se desarrolla la obra y del nivel social de sus participantes. Es un texto fácil de leer y de comprender. El ritmo es dinámico y ágil. Desde mi punto de vista, consigue captar la atención del espectador y mantener la intriga hasta el último suspiro. Se trata de una obra muy divertida y magníficamente construida, pero que, a mí, personalmente, me ha dejado un sabor agrio por el triste desenlace, ya que fallece la mujer con la que más había empatizado y cuya historia me había conmovido en mayor medida. A pesar de todas las desgracias que ha tenido que superar sigue mostrando un gran optimismo y alegría, incluso en los peores momentos[10].  En conclusión, como expresa el propio Buero Vallejo (1994: 422-423), se trata de una obra testimonial y sincera de uno de los perfiles del tiempo español del autor. Los humildes habitantes de las casas están viviendo una tragedia colectiva, además de sus particulares tragedias individuales. En relación con esta idea, destaca la obsesión de la lotería como remedio a la miseria, la locura del fútbol, la trampa de una picaresca triste o la superstición de la echadora de cartas.

Teniendo en cuenta todos estos ingredientes os recomiendo su lectura y/o su visualización. Para lo segundo, os dejo el enlace que os lleva a la emisión proporcionada por Estudio 1 de Televisión Española de 1970: https://www.youtube.com/watch?v= TcjEGbkzZt0. Espero que la disfrutéis tanto como lo hice yo.

BIBLIOGRAFÍA

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Poesía, narrativa, ensayos y artículos, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 412-424 y 449-450.

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid.

DE PACO, MARIANO (1984): Estudios sobre Buero Vallejo, Los trabajos de la Cátedra de Teatro, Universidad de Murcia.  

DE PACO, MARIANO (2003): Estudios sobre Buero Vallejo, Biblioteca Virtual Universal.

Representación disponible en https://www.youtube.com/watch?v=TcjEGbkzZt0. Fecha de consulta: 06/04/2020.







[1] De acuerdo con Buero Vallejo (1994: XXXIX-XL), algunos premios que recibió esta obra fueron los Premios Nacional de Teatro y María Rolland o el Premio de Teatro de la Fundación Juan March.
[2] La obra fue dirigida por Claudio de la Torre.
[3] A partir del argumento se pueden percibir los rasgos más destacados de los personajes fundamentales.
[4] En este sentido destacan las palabras que pronuncia frente a Pilar al final del acto II sobre la forma en la que realmente falleció su hija, pero esta, por su defecto físico, no le escucha y, por tanto, desconoce. 
[5] Silverio es un personaje muy reflexivo y meditativo, como muestra en muchas de sus intervenciones: “[…] hay días en los que nos convertimos en otra persona… Una persona odiosa, que llevábamos dentro sin saberlo… Y esa persona somos nosotros mismos […]” (p. 587). Mantiene una constante lucha consigo mismo.
[6] Siempre que aparezca entre paréntesis únicamente la página es porque se trata de una cita literaria de la obra en la que he llevado a cabo la lectura: BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid, págs. 551-620.
[7] Ella y su madre acuden a bodas, comuniones e inauguraciones de eventos sin ser invitadas. Lo hacen solamente para poder llevarse un poco de comida a la boca.
[8] Se ve obligada a admitir antes sus vecinos la situación de pobreza en la que se encuentra para justificar su engaño: “vivimos muy mal… No tenemos ni lo justo para comer…” (p. 610).
[9] Como se puede observar, la obra está sujeta al respeto de la regla de las tres unidades.
[10] Es muy emocionante el final del acto II, en el que Pilar le tapa los oídos a su marido y en esta posición le dirige unas palabras de agradecimiento.

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