martes, 7 de abril de 2020

Ent_1: EDGAR NEVILLE (1899-1967)




EDGAR NEVILLE (1899-1967)
“Hijo de siglo XX” (G. de la Serna)

Las entradas están centradas en la figura de Edgar Neville. En 2012 conocí a este autor al ver la película La tierra de los siete jorobados. Desde entonces he querido saber más sobre su obra y ahora ha llegado el momento. El objetivo es desgranar su fase artística, con especial atención al teatro, así como las peripecias de su vida.
Como indica Bayona (2006) “es difícil elegir un hilo conductor en la vida de Edgar Neville: ¿Su actividad cinematográfica?, ¿su carrera como escritor?, ¿su profesión como diplomático?, ¿sus amistades?”. No obstante, los siete comentarios, que realice durante las próximas semanas, intentarán abordar esta figura llena de experiencias.
1. Introducción (1899-1926)
2. La narrativa: el cuento. Estudio de El perdón y Fin (1923-1966)
3. La narrativa: la novela. Estudio de Don Clorato de Potasa (1929-1956)
4. El cine de Neville y “el primer” documental flamenco  (1928-1955)
5. El teatro: El baile (1952-1963)
6. La poesía y otros motivos (1963-1967)
7. Conclusiones
                                                                                            
1. Introducción (1899-1926)
Este primer capítulo introductorio está dedicado a la contextualización del autor en la corriente humorista denominada “La otra generación del 27”, así como el retrato de su figura hasta 1926 con la publicación de su primera obra narrativa titulada Eva y Adán.
En la línea de Pedro Laín Entralgo, en junio de 1983, José López Rubio, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española titulado “La otra generación del 27”, explicaba que existió una generación de los poetas, y otra de los renovadores y creadores del humor contemporáneo. Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Antonio de Lara, José López Rubio y el propio Edgar Neville son los que máximos representantes de la otra generación del 27. En el discurso, López Rubio expone que se trata de un humorismo alejado de las ideas políticas, reflexivo más que efectista y que llegaría a marcar una influencia en las generaciones de posguerra. Carratalá (2008) en un artículo sobre la biografía de Neville indica que “eran autores jóvenes y renovadores, capaces de redactar por la mañana un artículo sin tema ni tesis, dibujar al mediodía un chiste gráfico de estilizadas líneas, imaginar por la tarde un guion cinematográfico de improbable rodaje y juntarse por la noche para escribir a cuatro manos una comedia porque una primera actriz les había sonreído”.
Tanto en Neville como en los de su generación, es preciso remarcar dos figuras importantes. Por un lado, el maestro Ramón Gómez de la Serna (1988-1963) al cual describe Neville como “antena del mundo” (Doc. RNE, 1:55) y, por otro lado, Ortega y Gasset, del que aprenden que el arte es algo lúdico como el deporte o el cine (en este sentido, José María Torrijos (1989) señala que todos estos autores son hijos del filósofo y ensayista madrileño). En el discurso, López Rubio describe a Neville como una mezcla de dandi, deportista, de una frivolidad profunda y lleno de ganas de aprender ante todo lo novedoso. La autora Lina Rodríguez en su Manual de Literatura (2017) indica que posee una biografía casi tan novelesca como la de Lope. Pero, ¿quién es realmente Edgar Neville?
 Pocos días antes de comenzar el siglo XX, era de inmensos cambios, nació Edgar Neville Romrée. El 28 de diciembre de 1899, día de los Inocentes, María Romrée, condesa de Berlanga del Duero, dio luz a un niño que en palabras de Gómez de la Serna “fue criado con biberón de leche de elefante traída de la India" (Carratalá, 2008). La posición social de la madre y del padre, ingeniero inglés que residía en la capital española, las heredó Neville desde pequeño y supo aprovechar su condición de pudiente. En cuanto a su vena artística primigenia, cabe destacar su inmersión en la dramaturgia con el vodevil La vía láctea en 1917. De acuerdo con Carratalá (2008), la trama gira en torno a una afamada vedette de la época que luce sus encantos en el madrileño Chantecler. Neville busca la libertad de sus creaciones "estaba dispuesto a convertirse en un señorito atrevido, con bastón y algo calavera" (Ídem). 
 Al mismo tiempo que su pasión creativa, a finales de los años 10, el joven Neville comenzó la carrera de Derecho, que irrumpió en 1921 para alistarse en el Regimiento de Húsares de la Princesa en Melilla a causa de la guerra del Rif. Según Carratalá, "no tenía vocación 'africanista', sino contrariedad por un amor de juventud con la bella actriz Ana Mª Custodio" (2009:76).
 Siguiendo a Bruguera Nadal (1991) “a su regreso a Madrid es presentado en Pombo a Ramón Gómez de la Serna, a quien siempre considerará su maestro". En los inicios de los años 20, estrecha su relación con las corrientes vanguardistas e inicia su primera etapa como autor. Su intensidad artística le lleva a colaborar en revistas como Buen Humor, Nuevo mundo, Aire Libre. Asimismo, escribe en colaboración con López Rubio algunas comedias.
En 1922 suceden dos hechos importantes. Por un lado, el concurso de cante jondo en Granada que estrecha su amistad con García Lorca y Falla. De hecho, eligió terminar la carrera de Derecho en la ciudad nazarí. Por otro lado, ese mismo año ingresó en la carrera diplomática. Es destinado a EEUU, donde, además de embajador, trabaja en el cine de Hollywood con autores como Charles Chaplin.
A partir de 1923, Neville conoce muy bien las tertulias (la de Pombo y La Granja del Henar). Además, colabora en la Revista de Occidente y en La Gaceta Literaria. La relación con Ortega y Gasset se vuelve más cercana. Junto a Gómez de la Serna, ya había indicado que la figura del filósofo también es básica. Siguiendo con los datos sobre el autor de Burguera Nadal (1991), en 1925 se casa con Ángeles Rubio Arguelles y Alessandri de la que se divorciará más adelante. En 1926 publica la primera colección de cuentos en un volumen titulado Eva y Adán. De acuerdo con Carratalá (2008), se trata de “una recopilación de relatos humorísticos que aportaba aires renovadores bien acogidos en círculos donde impulsó representaciones teatrales y otras iniciativas que aunaban vanguardia, diversión y juventud”.



 Bibliografía y webgrafía:
BAYONAS, Andrés (2006). “Socios ilustres: Edgar Neville y Romrée”. Revista Casino de Madrid. Núm. 43.
BURGUERA NADAL, María Luisa (1991).  “El humor en el teatro de Edgar Neville: Alta fidelidad (1957)”. Revista de la Asociación Europea de Profesores de Español. Núm. 38-39.
CARRATALÁ, Ríos, Juan Antonio (2008). Edgar Neville: La biografía de un “bont vivant”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante.
CARRATALÁ, Ríos, Juan Antonio (2009). Una arrolladora simpatía: Edgar Neville. De Hollywood al Madrid de la posguerra. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante.
LAÍN ENTRALGO, Pedro (1948). “El humor de La Codorniz”, Vestigios. Ensayos de crítica y amistad. EPESA. Madrid. 127-137.
RODRÍGUEZ CACHO, Lina (2011) [2009]. Manual de historia de la literatura española. Castalia. Madrid.
TORRIJOS CARRILLO, José María. (1989). “El otro grupo del 27: del humor al teatro”. Religión y cultura, 170, 397-418.
Documentales de audio y vídeo de Radio y Televisión Española:
https://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/50-anos-sin-edgar-neville/3998044/ [consultado el 8 de abril de 2020]
Para las fotografías:

domingo, 5 de abril de 2020

Antonio Buero Vallejo (1916-2000)




En este blog se va a llevar a cabo un estudio sobre Antonio Buero Vallejo con el objetivo de que todos podamos conocer más a este magnífico autor, que tantas obras teatrales ha dejado para la posteridad y quedarán siempre en la memoria y el recuerdo de muchos. Espero que os interese el tema y os sirvan mis entradas para despertar vuestra curiosidad por este dramaturgo. Para ello, en primer lugar, proporcionaré algún dato biográfico, pero, sobre todo, es necesario comenzar situando al autor en el contexto social, histórico y literario en el que escribe. Esta información debemos tenerla siempre presente, ya que su devenir vital influye notablemente en el contenido de muchas de sus obras, tal y como se podrá comprobar en próximas entradas en las que analizaré textos teatrales concretos.

Dos joyas radiofónicas para celebrar los cien años del nacimiento ...
Antonio Buero Vallejo nació en Guadalajara en 1916 y falleció en esta misma ciudad en el año 2000. Se trata de un autor que tuvo un gran éxito en el teatro español de aquella época. El recibimiento del público fue muy positivo para Buero e incluso abrumador y sorprendente en muchos sentidos. Su esposa fue Victoria Rodríguez (1959-2000). Buero fue hijo de un comandante de la Academia de Ingenieros. Es un joven republicano. Al frente de “El Jarama” le avisaron de que su padre había sido fusilado[1]. Es la primera gran desgracia para nuestro dramaturgo. A esta se sumó más adelante el fallecimiento de su hijo Enrique con tan solo veinticuatro años en un accidente de coche. Con todo ello, quiero deciros que en Buero es esencial su biografía para entender su obra. El hecho de que este autor haya cultivado la tragedia procede, no de una experiencia literaria, sino de su propio devenir vital, puesto que su vida fue realmente un acontecer trágico. Esta idea la refuerza, de alguna manera, también Lina Rodríguez (2009: 478) al afirmar que “la marca más genuina de Buero Vallejo […] es su tendencia a la tragedia, su gusto por enfrentar a los personajes consigo mismos”.

En lo referente a sus implicaciones políticas, “[…] por su adhesión a la República fue condenado a muerte tras la guerra, aunque le conmutaron la pena y permaneció hasta 1946 en la cárcel, donde llegó a conocer a Miguel Hernández […]. Esa experiencia justifica que la tortura sea motivo repetido en varias de sus obras […]” (Rodríguez Cacho, 2009: 477). En conexión con esta idea, me gustaría mencionar una oración de Domingo Miras, puesto que refleja muy bien el contexto en el que este autor vivió y desarrolló su obra. Así, este dramaturgo afirma acerca de Buero Vallejo lo siguiente: “nacido bajo el cañón de la Gran Guerra, su generación fue destinada al sacrificio colectivo en una contienda menos amplia, pero no menos cruel. La reseca piel de aquella España pronto iba a recibir un copioso riego que no sería el de las benéficas lluvias, sino el de la negra sangre de los muertos” (2016: 31). 

Un rasgo fundamental que se debe señalar de Buero es que, de acuerdo con Mariano de Paco (1984), se trata de un escritor muy comprometido con los problemas de su tiempo y adopta actitudes realmente críticas, lo cual trae consigo, como en todo, sus ventajas y sus inconvenientes. En este sentido, como expone Buero Vallejo (1994: IX)[2], muy a menudo sus obras han sido acontecimientos que trascendían en el mundo, llegándose a convertir en fenómenos de alcance casi nacional. De este modo, su teatro no era únicamente un medio para la expresión de ideas personales, sino también un espacio en el cual confluían ilusiones colectivas, en las que se veían reflejados los espectadores. En cuanto a su personalidad, era una persona que tenía un aspecto sobrio y ascético, pero en su interior residía un excelente humor.

Escenografía y personajes de “Historia de una escalera”Es un dramaturgo perteneciente a la corriente conocida como ‘realismo social’[3]. La obra con la que se dio a conocer fue con Historia de una escalera (1949), pieza teatral que debe ser visualizada en su contexto para ser entendida completamente y valorar de forma adecuada la enorme importancia que tuvo. Nos encontramos en la posguerra española con todo lo que ello conlleva. El éxito de esta obra fue rotundo y merecido. De hecho, recibió el Premio Lope de Vega[4]. No obstante, como explica César Oliva (1989: 233), “la primera obra redactada, que no estrenada, de Buero Vallejo es En la ardiente oscuridad (1950)”. Este texto fue escrito en 1946.

En concordancia con las palabras de Mariano de Paco (1984: 9), Buero ha llevado a cabo un teatro trágico que expresa el desgarramiento interno del hombre entre las limitaciones que padece, los condicionamientos que la sociedad le impone en cada momento y sus propias miserias y deseos. Como afirma Buero Vallejo (1994: XVII), el autor no se conforma con proponer un teatro de diversión fútil y pasajera, sino que quiere elaborar representaciones en las que se enfrente al hombre con su más honda realidad, haciendo especial énfasis en las raíces de todo aquello que en la vida cotidiana pasa inadvertido. Desde la escena trata de intervenir también en el proceso histórico, ya que busca crear conciencia en el espectador de la propia situación que se estaba viviendo en ese período en España.

Además de las piezas ya mencionadas, en cuanto a la producción teatral del autor, a continuación voy a señalar algunas de sus obras: Las palabras en la arena (1949), La tejedora de los sueños (1952), La señal que se espera (1952), Madrugada (1953), Hoy es fiesta (1955), Las cartas boca abajo (1957), Un soñador para el pueblo (1958), Las Meninas (1960), El concierto de San Ovidio (1962), El tragaluz (1967), La doble historia del doctor Valmy (1968), El sueño de la razón (1970), La fundación (1974), Jueces en la noche (1979), Diálogo secreto (1984), Lázaro en el laberinto (1986) o Música cercana (1989), entre otras[5].  

Hay una enorme vinculación en este autor entre la pintura y sus obras teatrales. De hecho, él pensaba que iba a ser pintor, pero pronto sintió una enorme atracción por la literatura. Así pues, en Las Meninas[6] se produce un acercamiento a Diego Velázquez. En esta obra, “hace vivir a un Velázquez muy humano que se atreve a defender su verdad contra quienes le acusan de traición y rebelión” (Lina Rodríguez, 2009: 482). Por otra parte, de acuerdo con Buero Vallejo (1994: XL), en el mismo año de la publicación de Las Meninas, destaca la aparición en las páginas de la revista Primer acto de la polémica posibilismo-imposibilismo con Alfonso Sastre. Este defiende que el autor teatral en ese momento tiene que ser imposibilista, enfrentándose así a Buero Vallejo, quien defendía una postura posibilista. Otro aspecto relevante es que nuestro autor creó un dispositivo teatral denominado “efecto de inmersión”.

BUERO VALLEJO, LA PERSONA Y EL PERSONAJE
En definitiva, nos debemos quedar con la idea de que es un autor fundamental de esa época en el teatro de nuestro país y contribuyó a una elevación ética, moral y estética del teatro que se estaba practicando en ese momento. Por todo lo mencionado, se convirtió en el gran autor de la segunda mitad del siglo XX. Espero que con la información que os he proporcionado hasta el momento se haya despertado en vosotros el interés por este autor y continuéis conociéndolo en las próximas entradas.

BIBLIOGRAFÍA

BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid.

BUERO VALLEJO, ANTONIO (2007): Historia de una escalera, ed. Virtudes Serrano, Austral Teatro, Madrid.
DE PACO, MARIANO (1984): Estudios sobre Buero Vallejo, Los trabajos de la Cátedra de Teatro, Universidad de Murcia.


MIRAS, DOMINGO (2016): La libertad en Buero Vallejo, Monteagudo, Nº 21, pp. 31-48.

OLIVA, CÉSAR (1989): Historia de la literatura española actual. El teatro desde 1936, Alhambra, Madrid.

RODRÍGUEZ CACHO, LINA (2009): Manual de Historia de la Literatura española, Castalia, Madrid.




[1] Le fusilan por el simple delito de ser Teniente Coronel del Ejército republicano.
[2] Los autores que realizaron el estudio introductorio son Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco. Aplíquese este dato a todas las referencias bibliográficas de ese libro. 
[3] Tal y como afirma Lina Rodríguez Cacho (2009: 477), “lo que se entiende por ‘teatro de testimonio social’ solo encontró un cruce válido para llegar al gran público en Antonio Buero Vallejo, quien tenía detrás una dura trayectoria de excombatiente republicano”.
[4] De acuerdo con Virtudes Serrano en Buero Vallejo (2007: 12), también se le otorgó a este autor “el Premio Nacional de las Letras Españolas, justo reconocimiento de una trayectoria artística y vital que cubre la segunda mitad de nuestro siglo [...]”.  
[5] Se puede llevar a cabo la lectura de todas estas obras en BUERO VALLEJO, ANTONIO (1994): Teatro, ed. Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco, Espasa Calpe, Madrid.
[6] Por ejemplo, en El sueño de la razón se centrará en la figura de Goya.

Conclusiones sobre Miguel Hernández

Y con el teatro de Miguel Hernández doy por concluido este viaje a través de su vida y gran parte de su obra. Personalmente, no sabía much...