sábado, 23 de mayo de 2020

María Martínez Sierra

María de la O Lejárraga y García y también María Martínez Sierra 

La dramaturga nace en el año 1874 en la localidad riojana de San Millán de la Cogolla en el seno de una familia acomodada y liberal, que le proporciona una buena educación. A la edad de cuatro años se traslada junto a su familia a Carabanchel, Madrid, donde su padre trabajó como médico. Su madre ejerció de maestra para ella y sus seis hermanos hasta que a la edad de 13 años acudió al instituto. Aprendió a leer y escribir con tan solo tres años y con seis comenzó a escribir sus propias creaciones teatrales. Estudió Magisterio y profesorado de Comercio en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, cuna del primer feminismo español, donde entra en contacto con las ideade la Institución Libre de EnseñanzaDurante su época de estudiante, acude al Congreso Pedagógico Hispano – Americano celebrado en el Ateneo de Madrid en 1892, apoyando la ideología feminista de Doña Emilia Pardo Bazán. Tras terminar sus estudios, trabajó como profesora durante diez años.  

María de la O Lejárraga - Wikipedia, la enciclopedia libre

En 1900 contrae matrimonio con Gregorio Martínez Sierra, siete años menor que ella, con quien había escrito varios títulos de forma conjunta aunque firmados solo por él. Gregorio constituye una importante figura durante toda la vida de María, pero también en su obra. La duradera colaboración intelectual de esta pareja tuvo distintas etapas por lo que todavía hoy en día es muy difícil establecer límites con seguridad que esclarezcan que partes de las obras escribió cada uno. A partir de su matrimonio, todas las obras que escribía María las firmaba y publicaba bajo el nombre de su marido, por lo que era él quien se llevaba el éxito y reconocimiento. 
La pareja formó un dúo intelectual dentro de la élite del teatro de la época y entablaron amistad con importantes figuras como Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez o Federico García Lorca. Sin embargo, Gregorio Martínez se enamoró de la actriz cubana Catalina Bárcena y abandonó a María tras el nacimiento de su hija junto a la actriz. A pesar de la ruptura matrimonial en 1922, María continuó con su labor de escritora con la firma de su marido. Solo al final de su vida comenzó a publicar con su propio nombre, sin embargo, jamás abandonó los apellidos de su marido por los que aún hoy en día se la conoce. Uno de los proyectos más grandes que lleva a cabo el matrimonio es la creación del Taller de Teatro en el Teatro Eslava de Madrid. Entre los años 1916 y 1926 montaron 125 obras de autores como Barnard Shaw, J. M. Barrié o Roberto Sabatino, más GoldoniMolière o Dumas que se veían por primera vez en el país.  

La simbiosis entre María Lejárraga y Falla | La Rioja

(En la imagen Manuel de Falla, Gregorio Martínez y María Lejárraga)

A partir de la instauración de la República, de la que era partidaria, se metió de lleno en política y feminismo. Escribió una de las primeras obras consideradas feministas en España La mujer moderna en 1920, aunque también bajo el nombre de su marido. Durante la Segunda República, concretamente en 1934, fue elegida diputada socialista por Granada en 1933. Durante los años anteriores a la Guerra Civil (1931 – 1933) recorrió los pueblos de España impartiendo conferencias y charlas a las mujeres con el objetivo de extender la igualdad entre sexos e incentivar la sororidad entre las mujeres como forma de establecerlo. Presidió también el Patronato para la Protección de la Mujer, que se ocupaba del problema de la trata de blancas, a través de la Sociedad Española de Abolicionismo.  
Apartó su vida como dramaturga y profesora durante este período, aunque nunca dejó de escribir del todo, para centrarse en la actividad política puesto que su objetivo era adquirir un compromiso público mediante el cual luchar por la igualdad legal entre hombres y mujeres y por el derecho al voto de estas últimas. En esta época funda la Asociación Femenina de Educación Cívica “La Cívica”. 

Cuando estalló la Guerra Civil se encontraba en el extranjero y el gobierno de la República le otorgó cargos diplomáticos en Suiza. En los años de la guerra escribió artículos feministas que fueron publicados en la revista Mujeres. En 1938 se vio obligada partir al exilio, es así como comienza su viaje por distintas ciudades alrededor del mundo: Londres, París, Nueva York y México hasta que finalmente se instala en Buenos Aires en 1951, ciudad donde fallecerá en 1974. 
Durante los últimos años, esta escritora que se había quedado en el olvido ha resurgido gracias a sus escritos, ensayos, cartas y tratados feministas. Luchó por la libertad de las mujeres proponiendo el divorcio como solución a la infidelidad dentro del matrimonio. Tras su muerte, se descubrieron cartas dirigidas a Gregorio en las que se revelaba la verdadera autoría sobre famosas obras como Canción de cuna y El amor brujo entre otras obras teatrales y libretos musicales firmadas por su marido, productor y director teatral, pero verdaderamente escritas por María. 




Bibliografía:

Concepción Bados Ciria. (2008). Intelectuales de la Edad de Plata (5). María Lejárraga. 10/05/2020, de Centro Virtual Cervantes Sitio web:
 https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_08/12062008_01.htm

Miguel Ángel Villena . (2019). María Lejárraga, la autora de éxito que escribía las obras que firmaba su marido. 11/05/2020, de eldiario.es Sitio web: 
https://www.eldiario.es/cultura/teatro/Maria-Lejarraga-autora-escribia-firmaba_0_891361099.html

EVA DÍAZ PÉREZ. (2018). MARÍA LEJÁRRAGA La gran escritora que borró su nombre. 11/05/2020, de El País Sitio web:
 https://elpais.com/cultura/2018/09/16/actualidad/1537121678_040945.html

Pilar Nieva-de la Paz. María de la O Lejárraga García. 13/05/2020, de Real Academia de la Historia Sitio web: 
http://dbe.rah.es/biografias/17384/maria-de-la-o-lejarraga-garcia





viernes, 22 de mayo de 2020

Jesús Fernández Santos: Entrada tercera


A continuar con mi investigación en el corpus literario de Jesús Fernández Santos, me gustaría enfocarme en esta última entrada en el aspecto cinematográfico que caracteriza su producción. Ya he mencionado en mis entradas previas la gran influencia del cine en nuestro autor, pero quiero profundizar aquí en cómo se manifiesta en su obra.

Para empezar, es necesario introducir el ámbito cinematográfico en aquella época y el papel que desempeñó. El neorrealismo que expuse en mi última entrada está vinculado con el cine en esa etapa, especialmente el de Italia como el origen del movimiento. El académico Luis Miguel Fernández nota que, “Bajo el nombre de neorrealismo se agrupa habitualmente el período artístico que se inicia en Italia a partir de 1945” tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (256). Continúa, “En [el] nacimiento [del neorrealismo] confluyen dos hechos: una nueva realidad nacida en la guerra y la resistencia, y una postura también nueva adoptada por los artistas e intelectuales ante aquélla” (256). Es decir, el neorrealismo se generó como respuesta a la época nueva de posguerra, libre de las restricciones y la censura del fascismo en Italia. Por ello, ese género novedoso se trata de las realidades cotidianas en que habitan personas humildes, productos de una guerra destructiva y políticas autoritarias (Miguel Fernández 256).  

Entró en España el neorrealismo italiano en el mediados del siglo y tuvo un impacto enorme en la comunidad intelectual, incluyendo a Fernández Santos (Miguel Fernández 259). Su concentración en los aldeanos sencillos en su novela Los bravos (1954), la cual aparece a menudo en estas discusiones, se cabe como ejemplo perfecto del neorrealismo recién llegado al país, con su vista honesta e impávida a las dificultades de vivir en el campo. En efecto, es una refutación de la mitificación del campo que el régimen franquista apoyaba durante los años 50; es un acto de manifestación cultural (Miguel Fernández 262). Sin embargo, me salgo de la interpretación crítica de Miguel Fernández cuando discute que el neorrealismo de Fernández Santos en Los bravos es uno de compasión para los personajes ingenuos, pues mantengo que los aldeanos, por su sencillez e ineptitud, forman parte de la crítica de su obra.

Lo que quiero destacar por esa reflexión es el contenido importado del neorrealismo cinematográfico a las narrativas escritas. Los temas, las preocupaciones y las ideologías de los autores españoles neorrealistas en los años 50 vinieron desde el cine italiano. La académica Susana Pastor Cesteros propone que “el neorrealismo cinematográfico y la estética narrativa” comparten “temas extraídas de la vida rural…predominio del espacio real mediante el rodaje en exteriores, huida del lenguaje convencional y escaso contraste de la técnica cinematográfica” (142). Consecuentemente, se borran las divisiones entre las historias escritas y las rodadas, con el fin de representar la vida y su dureza en la manera más pura posible. De este modo, se realiza la crítica de las instituciones ineficaces y el caciquismo desenfrenado tras la representación mordaz de la vida rural y la insignificancia total de sus habitantes.

Como menciona Pastor Cesteros, el estilo en que se escriben las novelas neorrealistas cambió dramáticamente como resultado de las innovaciones del cine italiano. Fernández Santos planteó que, “La descripción visual total no deja el margen de interpretación subjetiva, que siempre permanece en la más detallada narración. La objetivización forzada del cine…quizá sea en el fondo una de las diferencias que le separan más hondamente de la literatura” (459). No obstante, su obra literaria intenta superar esas diferencias por integrar las técnicas cinematográficas en su construcción. En su tesis doctoral Son-ung Kim identifica que “el protagonismo múltiple, el novelista-cámara, la reducción temporal y espacial, el conductismo” entre otros son novedades narrativas en la obra de Fernández Santos y que son inspiradas por el neorrealismo cinematográfico (167).

Referente al protagonismo múltiple, este recurso elimina el surgimiento de un héroe en la historia. En su lugar está una colección de personajes que desempeñe la acción, impidiendo el desarrollo de un protagonista unificador. El derrumbamiento del héroe central significa que el pueblo toma responsabilidad para la resolución de los temas en el argumento, es decir, que todo el mundo está involucrado en el proceso narrativo (Kim 177). La preocupación comunal para una conclusión buena refleja una realidad en que el individual no tiene el poder, los medios para tener éxito; hay que acudir a los otros para sobrevivir en un mundo cruel.

Otra importación del cine italiano es la objetividad en las novelas neorrealistas de Fernández Santos. Esa objetividad “se entiende como un procedimiento narrativo que aspira a mostrar verosímilmente lo que se relata en una novela” y así reafirma una perspectiva aguda, indiscutible del mundo real (Kim 177). Tras el término “objetividad” se destacan varias técnicas, como las mencionadas (el novelista-cámara, la reducción temporal y espacial, el conductismo) de antemano, todas las cuales reorientan el enfoco narrativo con el objeto de distanciar al lector de los acontecimientos textuales. De esta manera, se convierte el lector en espectador pasivo, pues no hay ninguna interpretación psicológica que implique alguna subjetividad para el lector.

Al principio de su tesis, Kim escribe:

En estas novelas [Los bravos, En la hoguera (1957) y Laberintos (1964)], dejando a un lado las novedosas técnicas narrativas, se ve mejor la incorporación de la influencia cinematográfica traducida en literatura y no sólo por el empleo de una técnica innovadora en el ámbito literario, sino por la coherencia con la ideología de los directores italianos que pretendieron mirar justamente una sociedad injusta (4).

Jesús Fernández Santos fue escritor preocupado con las realidades de una España novedosa, que, después de su Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, enfrentaba numerosas dificultades sociales y políticas. Su manera para abordar esos problemas era mirarlos, dar conciencia a sus lectores sobre la imposibilidad de la vida rural española y sus exigencias imparables. Para ello, se utilizó el cine italiano como la inspiración para Fernández Santos y la génesis del neorrealismo español.  

Obras citadas:
Kim, Son-ung. La narrativa neorrealista de Jesús Fernández Santos (1954-1964). 2002.
            Universidad Complutense de Madrid, Tesis doctoral.
Miguel Fernández, Luis. “El acercamiento humanitario a la realidad: Un aspecto del
            neorrealismo literario español.” Anales de la literatura española contemporánea.
            Volumen 16, Número 3, 1991, pp. 255-274.
Pastor Cesteros, Susana. “Jesús Fernández Santos: novela y cine.” Castilla. Estudios de
            Literatura. Volumen 22, 1997, pp. 141-153.  

Conclusiones sobre Miguel Hernández

Y con el teatro de Miguel Hernández doy por concluido este viaje a través de su vida y gran parte de su obra. Personalmente, no sabía much...